Una sensación de fin de una época se adueñó de Europa después de que el emperador Francisco II abdicase y disolviera el Sacro Imperio Romano Germánico debido a que, en la práctica, muchos de los estados que lo integraban se habían segregado para incorporarse a la Confederación del Rin. Era ésta un estado satélite de Francia creado por Napoleón y, de hecho, con aquella decisión tan extrema, Francisco II trataba de impedir que Bonaparte le sustituyese en el trono imperial.
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