En este paisaje crispado, casi apocalíptico, solo queda una figura que parece haber logrado escapar indemne del ruido: Jordi Hurtado. Ahí sigue, desde su trono monocromático en Saber y Ganar, preguntando por Bernini mientras el país discute furiosamente sobre si un meme es ofensivo o si un actor debe disculparse por respirar demasiado fuerte. Jordi es la metáfora involuntaria del país que una vez fuimos o que siempre quisimos ser: previsible, educado, constante, con un punto entrañablemente aburrido. Parece impermeable a la crispación.
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Javier.