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Cinco lecciones de un enterrador
Suele decirse que uno de los objetivos vitales debe ser dedicarse a lo que a uno le gusta, aspirar a convertir una pasión en un oficio y conseguir que la llamada del despertador no sea un castigo sino una bendición diaria. Lograr, al fin y al cabo, que tantas horas invertidas cada jornada no sean un peso imposible de soportar.
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