La decisión forma parte de una amplia reorganización impulsada por la administración de Donald Trump, marcada por severos recortes presupuestales y el cierre de instalaciones científicas clave. Durante décadas fue un punto neurálgico para científicos, ingenieros y tecnólogos que trabajaban en misiones espaciales de enorme relevancia, desde el Telescopio Espacial Hubble hasta el James Webb.