Empieza a ser costumbre. Cada vez que un miembro de Vox sale escopeteado del partido, se dirige a España cual concursante de Gran Hermano para contar los secretos de la casa: no os lo vais a creer, pero es un chiringuito turbio y autoritario, dicen. Claro, la gente no da crédito: ¿Vox turbio y autoritario? Que alguien nos pellizque. Las últimas víctimas en la batalla por el control de esa máquina de billetes llamada Vox han sido Ortega Smith y Antelo, caras visibles de la ultraderecha madrileña y murciana, respectivamente.
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Como dice Ignatius Farray, ser español le queda grande a la derecha.