Tras la independencia de sus trece colonias fundacionales, en 1770, Estados Unidos tuvo la necesidad de un espacio de influencia que garantizase el futuro expansionista de un proyecto político que iba más allá de la separación de Inglaterra. Si en un principio no hubo un afán imperialista, poco después comenzó la ocupación de tierras para la agricultura, ganando territorios a los indígenas (y también a los colonizadores franceses). La acumulación de capital, la naciente industrialización y la doctrina del “Destino manifiesto”.
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