Las encuestas realizadas en las primeras semanas del conflicto muestran con claridad ese clima social: en Europa predomina una oposición mayoritaria a la guerra, mientras que incluso en Estados Unidos —país impulsor de la escalada— el apoyo es limitado y frágil. En conjunto, el patrón europeo es bastante homogéneo. En la mayoría de los países occidentales del continente, entre el 55 % y el 70 % de la población expresa rechazo o fuerte escepticismo ante el conflicto. El apoyo rara vez supera el 30 %.