"Cuando escribí El cuento de la criada en 1985 y vine de gira por Europa, los europeos me llamaban loca. No creían que Estados Unidos, ese 'faro de la libertad y líder del mundo libre', pudiera acabar siendo una teocracia autoritaria como la de mi novela. Ahora me llaman profeta", "viviendo en Canadá tenemos una perspectiva muy clara de los los Estados Unidos de Trump. "Con la edad una se vuelve más inclusiva, lo que te hace relativizar las cosas, por ejemplo, el que Estados Unidos esté comandado por un mentiroso analfabeto".