Durante las anteriores revoluciones industriales, el trabajo físico fue el más afectado. Pero esta vez, la automatización no va dirigida contra el músculo, sino contra la mente. La inteligencia artificial ha traspasado la última frontera: la de los oficios intelectuales. Y con ella, amenaza no solo profesiones concretas, sino la propia noción de trabajo sobre la que hemos construido nuestras identidades, nuestros sistemas de protección social y nuestras aspiraciones de progreso. Una revolución que desborda lo económico. (Víctor Martínez López.)
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Del mismo modo, si la cúpula es corrupta, no sirve de nada, salvo la de dar la sensación que hacen algo.
Imagina, poner un impuesto a los hoteles y oficinas que despidieron a los ascensoristas cuando dejaron de ser necesario, o multar a las empresas de telefonía cuando la tecnología hizo innecesaria las telefonistas.
Estarías perjudicando el desarrollo tecnológico. Sube los impuestos, reduce jornadas laborales y/o mete una renta básica. Pero no penalices las mejoras de productividad.