El experimento fue planificado y ejecutado por expertos del Instituto Tecnológico de Georgia y el MIT. Rodeado por el citado centenar de mosquitos sedientos de sangre, el joven permitió que las cámaras de infrarrojos en 3D capturaran cada movimiento, generando una base de datos que supera los 20 millones de registros. Los resultados obtenidos por el equipo científico sugieren que estos animales no operan bajo una lógica de grupo o enjambre social, sino que responden de forma individual. Según dicen en el artículo: "Es como un bar abarrotao".
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