Desde el primer día que entré aquí, hace más de diez años, lo tuve claro: no estaba en un sitio amigo. Estaba, como mucho, en un sitio donde podía hacer amigos, como así ha sido, pero no es lo mismo. Empecé llamándome Javert por eso mismo, por el comisario aquel cabrón de los Miserables, la gran obra de Víctor Hugo. Un tío que seguía con sus convicciones, equivocadas posiblemente, pero independientemente de las circunstancias. Unos le llaman cerrilidad, otros firmeza. Pero como soy de los que …