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Este titular es falso

Este titular es falso

El titular de El Mundo "400.000 familias más recurren al IMV" es falso al confundir titulares con beneficiarios del IMV. Según los últimos datos publicados correspondientes a diciembre de 2025, había 799.553 hogares en los que viven 2.441.647 personas beneficiarios del Ingreso Mínimo Vital, los que supone un incremento interanual de 125.824 titulares y de 393.892 beneficiarios.

Lo curioso es que en el propio texto del artículo si se señala que el incremento de familiares beneficiarias es de 125.800, pero alguien debió pensar que era más llamativo el titular falso.

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Los especuladores se quejan de que los trabajadores cobran poco

Los especuladores se quejan de que los trabajadores cobran poco

Pablo Gil, uno de los expertos en Bolsa, trader e inversor, es fundador del fondo de BBVA, analisis técnico del Banco Santander lo dice hoy en sus redes sociales: "El gráfico muestra que la parte del ingreso total de la economía que va a los trabajadores (salarios y sueldos) está en mínimos históricos.En la práctica:

- Los salarios pesan cada vez menos en el reparto de la renta.

- Una mayor parte se queda en beneficios empresariales, rentas del capital e intereses.

- Aunque haya empleo o crecimiento del PIB, los trabajadores capturan una porción menor de ese crecimiento.

Implicaciones clave:

- Desigualdad al alza: el capital gana peso frente al trabajo.

- Menor poder adquisitivo de las clases medias si los salarios no compensan inflación y productividad.

- Consumo más frágil a medio plazo, porque el consumo depende sobre todo de salarios.

Refuerza la idea de que el problema no es solo crecer, sino cómo se reparte el crecimiento. A ver si alguien se lo explica al gobierno de España...

En resumen: la economía puede ir bien “en agregado”, pero el trabajador medio recibe una porción cada vez más pequeña del pastel.

Via x.com/PabloGilTrader/status/2009709980363169805

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¿Y si la pornografía infantil nos importase una mierda?

Que sí, que la pornografía infantil es una guarrada y un delito perseguible, en tanto utiliza a menores para explotarlos sexualmente. Hasta ahí, todos de acuerdo. ¿Pero es un delito tan importante como para permitir que se use como pretexto para vigilar todas nuestras comunicaciones? ¿En qué clase de trampa moralista estamos a punto de caer?

Hay muchos delitos iguial de horribles, o incluso más, y no por eso hemos entregado nuestros derechos ciudadanos en bandeja para que nos conviertan en mascotas. Y también importa, por cierto, a quién se los entregamos. ¿De verdad porque cuatro degenerados fotografíen a niños desnudos, o creen imágenes de actos deleznables con ellos, vamos a entregar toda nuestra información a magnates y milmillonarios extranjeros? ¿Vamos a entregárselos a cualquier gobierno, nuestro o ajeno? ¿qué pensáis que van a ahcer luego con esos datos?

En un momento en que el verdadero tesoro que explotar son nuestros datos, no podemos entregar la privacidad de las comunicaciones, que será utilizada para vigilarnos, controlarnos, e influirnos, porque haya por ahí media docena de mierdas maltratando niños. Creerse que es por eso es tan naive, tan mentecato, tan toscamente meapilas que hasta los más acérrimos seguidores de Marcco, Heidi y el comeflorismo ilustrado deberían darse cuenta.

A los que quieren poder escanear nuestros mensajes, los niños les importan una puta mierda. No les importó el tráfico de armas, la corrupción, el fraude fiscal y el terrorismo, porque nunca estas lacras llevaron a pedir la intervención general de las comunicaciones. No les importó el tráfico de seres humanos, ni el de órganos, ni el acoso escolar, pero les importa que a un menor le toque la pilila ante una cámara. ¿Y nos lo creemos?

La pornografía infantil es un delito más, y ya está bien de generar estados de excepción por temas morales. La pobrez ainfantil también está ahí y nadie genera un estado toitalitario de excepción para atajarla. ¿Qué dirían los partidarios de violar nuestra comunicaciones si, para combatir la pobreza infantil, se violase el derecho a la propiedad privada y se comenzara mañana mismo con las expropiaciones?

Pues lo que intentan es eso mismo, pero apoyándose en el asco fácil, la lágrima fácil y un sentimenralismo ramplón e idiota orientado a los que sienten pero no piensan: esos hervíboros.

No podemos consentirlo. No podemos tolerarlo. Frente a los derechos civiles, cualquier delito debe importarnos una mierda: que se combata como cualquier otro delito y ya está. No hay excepciones cuando se trata de defender nuestras libertades.

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13 años después de la muerte de Aaron Swartz

13 años después de la muerte de Aaron Swartz

Hace trece años murió Aaron Swartz, y no fue una muerte cualquiera: fue el punto de inflexión que dejó al descubierto una verdad incómoda sobre internet, el poder y el castigo ejemplar. No murió por un error técnico ni por un mal cálculo legal; murió aplastado por un sistema que decidió convertirlo en escarmiento.

¿Quién fue Aaron Swartz?



Swartz fue un prodigio precoz y, al mismo tiempo, un idealista radical. A los 14 años participó en el desarrollo de RSS, cofundó Reddit, impulsó Creative Commons, y dedicó buena parte de su corta vida a una idea muy simple y muy peligrosa:

El conocimiento financiado con dinero público debería ser accesible a todo el mundo.

No era un hacker de clichés ni un pirata en busca de lucro. Descargó millones de artículos académicos de JSTOR —acceso cerrado, carísimo— con la intención de liberarlos. El resultado: una persecución judicial desproporcionada, cargos federales que podían sumarle décadas de cárcel y una presión psicológica constante. En enero de 2013, con 26 años, se suicidó.

No fue un accidente. Fue una derrota colectiva.

¿Qué ha cambiado en estos 13 años?

1. Internet ya no es el espacio ingenuo que Aaron imaginó

En 2013 todavía era creíble la idea de una red abierta, horizontal, casi libertaria. Trece años después, internet está dominado por plataformas gigantes, algoritmos opacos y monopolios de atención. La web abierta perdió terreno frente a jardines vallados.

Aaron luchaba contra el control del conocimiento; hoy el control va mucho más allá: datos personales, comportamiento, emociones, discurso político.

2. El acceso al conocimiento sigue siendo un privilegio

Pese a su muerte, la academia sigue secuestrada por grandes editoriales científicas. Sí, existe más “open access”, pero a menudo pagado por los propios autores o universidades. El negocio no desapareció: se refinó.

La idea central de Swartz —que el saber no debería depender de tu cuenta bancaria— sigue sin cumplirse.

3. El castigo al disidente digital se normalizó

Lo que en su caso parecía una exageración hoy es rutina. Activistas, filtradores y denunciantes digitales han aprendido la lección:

el sistema no te corrige, te destruye.

Swartz fue uno de los primeros en mostrar que el poder no distingue entre violencia real y desobediencia informacional: ambas se castigan con la misma saña.

4. Su figura se volvió símbolo… pero también coartada

Se le cita, se le homenajea, se le pone de ejemplo en charlas y documentales. Pero su radicalidad se ha domesticado. Se recuerda al genio, no al problema que denunció. Se honra al mártir mientras se mantiene intacto el sistema que lo empujó al abismo.

Eso es cómodo. Y profundamente hipócrita.

Lo que no ha cambiado

La pregunta que Aaron Swartz dejó abierta sigue sin respuesta:

¿Quién controla el conocimiento y con qué legitimidad?

Trece años después, la tecnología es más potente, la vigilancia más fina y el discurso más amable. Pero el fondo es el mismo:

el saber sigue siendo poder, y el poder no se regala.

Aaron Swartz no murió para que lo recordáramos.

Murió porque dijo algo que todavía hoy incomoda.

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Toy Story 3, libres para obedecer

Toy Story 3, libres para obedecer

Regresaba anoche a Toy Story 3, una obra cumbre de Pixar en la que se cuenta la historia de unos juguetes que son olvidados por un post-adolescente que se va a la universidad. Hay en Woody, el vaquero protagonista, una lealtad rayana en el esclavismo. Algo muy protestante: el hecho de que tu vida solo pueda tener sentido a través de tu trabajo. De tu deber.

Al final, Woody y los demás acaban recobrando el sentido de su existencia aceptando que pueden cambiar de dueño y pasando de un adulto a otro niño que hará, en un futuro no muy lejano, lo mismo que hizo su amado dueño: abandonarlos.

La película les enseña que la belleza de la vida radica en su utilidad y en la lealtad sin preguntas. Los juguetes no se plantean en ningún momento ser libres, solo batallan por seguir haciendo lo que les toca. Casi sin darnos cuenta, el guion defiende conceptos que son antítesis de lo que debe ser una infancia sana y libre: no preguntes, no pruebes, no tengas curiosidad, haz lo que se te diga, da todo por tu deber aunque no lo comprendas. Lucha por los sueños que te han impuesto.

El único personaje que cuestiona este sistema es Lotso, el oso violeta, el villano. Él propone liberarse del ciclo de abandono. Su argumento, que además es verídico, es: "Los niños crecen, te olvidan, te descartan. En Sunnyside hay un flujo constante de niños nuevos. Nunca te quedarás sin propósito. Aquí nadie es abandonado." Es decir, propone sustituir la dependencia de un amo individual por una comunidad donde los juguetes no están a merced del capricho de un solo niño. Una especie de mutualización del riesgo donde se liberan de la tiranía del abandono inevitable.

Pero —y aquí está la jugada maestra de Pixar— Lotso reproduce exactamente el mismo sistema de opresión que dice combatir. Crea una jerarquía donde él y sus favoritos están arriba (en el Butterfly Room, con niños mayores que son menos agresivos) y los nuevos abajo (en el Caterpillar Room, con bebés que te destrozan). Es el mismo capitalismo que denuncia, con él como nuevo patrón.

Al presentarlo como villano, la película desacredita toda idea de autonomía y rebelión sin tener que argumentar contra ella. No necesita defender el sistema amo-esclavo directamente. Solo necesita mostrar: "¿Ves? Intentaste liberarte, buscaste independencia aplicaste tu capacidad crítica, te olvidaste de tu deber y ¿qué conseguiste? Crear un tirano. No hay salida. La rebelión, la independencia, te hará terminar mucho peor que si obedeces.

Es La Granja de Orwell pero sin la autoconsciencia política. Los cerdos se vuelven granjeros, ergo mejor quedarse con el granjero original. No hay en la película ni un solo momento donde se plantee si los juguetes podrían simplemente ser libres, si podrían no necesitar ningún dueño. Esa opción no existe en el universo moral de Toy Story. Y así, centenares de millones de niños aprendieron que la felicidad es obedecer el plan establecido. Disfrazada de bonita parábola sobre la pérdida de la infancia y la inocencia, Toy Story 3 es una defensa dulce y amable del liberalismo más genuinamente estadounidense: el contrato individual es sagrado, el contrato social es una trampa. Si trabajas tus 40 horas tu vida tendrá sentido, si cuestionas el sistema comenzarán los problemas.

En España, millones de niños vieron esta película, como la vi yo, sin plantearme el trasfondo ideológico de este espanto. Como varias generaciones crecieron y formaron una idea del amor romántico a través de las películas de Disney.

Y este es el gran drama, que nos hemos emocionado con el individualismo más peligroso, el sibilino. Ese que tiene un halo maravilloso de ternura (Toy Story 3) o de épica (ahí están Marvel o DC) sin entender que el inmenso poder cultural de Estados Unidos siempre ha radicado en hacernos creer que todos, salvo ellos, estamos equivocados y que la libertad no es más que el derecho a tener miedo y defendernos y no a hacernos preguntas. 

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El traje nuevo del emperador

El traje nuevo del emperador

Hubo un tiempo en el que el Partido Republicano tenía un discurso relativamente sencillo de identificar. Mercado libre, Estado mínimo, defensa del comercio internacional, fe en el capitalismo sin trabas. Un conjunto de principios económicos que, con independencia de sus efectos reales, al menos ofrecía coherencia interna. Uno podía estar o no de acuerdo, pero sabía qué esperar.

Eso cambió. No de golpe, pero sí de manera profunda. Y el momento bisagra tiene nombre propio: Donald Trump.

Lo que Trump logró en 2016 no fue solo ganar unas elecciones. Fue reescribir el manual del conservadurismo estadounidense sin apenas disimulo. Y lo hizo con una operación tan audaz como contradictoria: presentarse como enemigo de las élites siendo, él mismo, un miembro destacado de ellas. Un magnate inmobiliario, criado en el privilegio, con contactos en todos los sectores del poder económico y mediático, que supo vender la idea de que representaba al hombre común frente al establishment.

No fue casualidad. Fue cálculo político. Porque Trump entendió algo que sus rivales dentro del partido aún no querían aceptar: que el discurso tradicional republicano había dejado de funcionar para amplias capas de su propio electorado.

Durante décadas, el libre comercio había sido presentado como una bendición universal. Los tratados internacionales, la globalización, la competencia sin restricciones: todo eso, según la ortodoxia republicana, beneficiaba a todos. Pero en las zonas industriales del Medio Oeste, en los pueblos mineros de Pensilvania o en las comunidades manufactureras de Ohio, esa promesa no se había cumplido. Las fábricas cerraban, los empleos desaparecían, los salarios se estancaban. Y mientras tanto, las grandes corporaciones —las mismas que financiaban las campañas republicanas— seguían acumulando beneficios récord.

Trump no inventó ese descontento. Solo supo capitalizarlo. Y lo hizo cambiando radicalmente el mensaje: el enemigo ya no era el Estado, sino China, México, los tratados comerciales injustos, las élites globalistas. De pronto, el Partido Republicano, paladín histórico del libre mercado, empezaba a hablar de aranceles, de proteccionismo, de recuperar empleos industriales aunque eso significara romper acuerdos internacionales.

El giro fue espectacular. Pero lo verdaderamente revelador no fue el cambio en sí, sino su lógica. Trump no abrazó el proteccionismo por convicción ideológica. Lo hizo porque, en ese momento, el libre mercado ya no le beneficiaba políticamente frente a economías más competitivas como la china. Cuando eres el actor más fuerte, defiendes la apertura. Cuando empiezas a perder terreno, cierras las fronteras.

No es principio. Es táctica.

Pero el cambio no se limitó a la economía. Hubo otro desplazamiento, quizá más profundo, relacionado con la forma de ejercer y comunicar el poder.

Antes, incluso los gobiernos más agresivos necesitaban disfrazar sus intenciones. Las invasiones se justificaban con informes de inteligencia, las sanciones con violaciones de derechos humanos, las intervenciones militares con la protección de la democracia. Había un código implícito: no podías decir en voz alta lo que realmente buscabas. Había que mantener, al menos, las formas.

Trump rompió ese pacto. No solo en lo discursivo, sino en lo simbólico. Cuando habló de quedarse con el petróleo de Irak, no lo dijo como desliz. Lo repitió durante años. Cuando su administración dejó claro, por boca de John Bolton, que el petróleo venezolano era parte del interés estadounidense en el cambio de régimen, tampoco hubo eufemismos. Cuando amenazó a países enteros con destrucción económica si no cedían a sus demandas, no lo envolvió en retórica diplomática. Lo tuiteó. Cuando dejó claro que Estados Unidos iría a por los recursos que considerara estratégicos, lo dijo sin rodeos.

Y eso cambió algo fundamental en la política exterior estadounidense: la máscara dejó de ser necesaria.

Los demócratas, mientras tanto, siguen utilizando el mismo lenguaje de siempre. Hablan de alianzas, de multilateralismo, de derechos humanos, de responsabilidad internacional. Mantienen la ficción de que hay un orden basado en reglas y que ellos son sus defensores. Pero cuando se les observa actuar —en Yemen, en Siria, en su apoyo incondicional a ciertos regímenes, en su uso masivo de drones—, la distancia entre el discurso y los hechos es exactamente la misma que con los republicanos. Solo que ellos aún sienten la necesidad de ocultarlo.

Trump y el nuevo republicanismo no mienten menos. Simplemente han dejado de fingir que mienten. Y eso, paradójicamente, les ha dado una ventaja comunicativa inesperada: proyectan autenticidad. Cinismo descarado, sí, pero autenticidad al fin y al cabo.

Lo más inquietante de todo esto no es que Trump haya traicionado los principios republicanos tradicionales. Es que los ha reemplazado sin que el partido, en su conjunto, haya opuesto resistencia real. Porque, al final, esos principios no eran tanto convicciones como herramientas. Funcionaban cuando servían para ganar elecciones y mantener el poder. Cuando dejaron de funcionar, se cambiaron.

El Partido Republicano ya no es el partido del libre mercado. Es el partido de lo que funcione en cada momento. Proteccionismo si es necesario, desregulación si conviene. Apelar al pueblo llano mientras se goberna para los ricos. Romper alianzas internacionales si eso rinde electoralmente, y reforzarlas si no queda más remedio.

Lo que define a este partido ya no es un conjunto de ideas, sino una disposición absoluta a cambiar de forma para conservar el poder. La serpiente muda de piel, pero sigue siendo serpiente.

Y quizá ese sea el verdadero legado de Trump: no haber inventado una nueva ideología, sino haber normalizado la ausencia de ella. Haber demostrado que se puede gobernar sin necesidad de coherencia doctrinal, solo con pragmatismo electoral y con la capacidad de leer, y explotar, el clima político del momento.

Mientras tanto, los demócratas siguen creyendo que la batalla se gana con buenos modales y discursos bien construidos. Siguen hablando de principios, de normas, de instituciones. Y siguen perdiendo terreno ante un adversario que ya no juega con esas reglas.

Porque Trump no cambió solo al Partido Republicano.

Cambió las reglas del juego político.

Y todavía no está claro si alguien, del otro lado, se ha dado cuenta.

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Que tienen en común lo de Venezuela, Irán, Nigeria y los incendios de Argentina

Que tienen en común lo de Venezuela, Irán, Nigeria y los incendios de Argentina

Se habla del petróleo de Venezuela e Irán, del gas iraní, de la ruta de los hidrocarburos que llegan a Europa, de terrorismo en Nigeria, todos los análisis geopolíticos medianamente serios hablan en general de intereses de materias y o lo camuflan con el islam, terrorismo y el papel de regalo que quieras.

Los incendios en Argentina que mucha gente en redes sociales está atribuyendo a los israelíes se atribuyen a que se van a quedar la zona, justo después de que Milei, hace un mes, cambiara la ley para poder recalificar y comprar terrenos por parte de extranjeros en Argentina. Todas estos sucesos tienen algo en común pero que nadie está analizando.

Cualquiera que siga los datos climáticos puede ver datos alarmantes, colapsos de datos extremos, el día más calido en invierno desde que se tienen registros en Europa fue hace pocos días. En verano los datos rompían record tras record, nos calentamos a 800.000 bombas de hiroshima al día según los datos de los satélites CERES de la NASA. El clima está colapsando en Europa y en el hemisferio norte más rápido de lo previsto. De hecho algunos estudios apuntan que el cambio climático es el evento climático que más rápido está sucediendo en la historia de las extinciones de seres vivos.

Esto es lo que une todos los eventos de Irán, Venezuela,Nigeria y Argentina que estamos viendo actualmente. Son zonas dónde los refugiados climáticos, dónde los afectados por los problemas climáticos van a querer vivir próximamente.

Fuente de la imagen: Universidad de Yale

Las zonas con calor extremo ya están perdiendo compradores de vivienda, como el caso de Almería y lo ganan sitios más frescos. Esto explica porqué la misma extrema derecha está en contra del cambio climático. Porque si se asume que esto sucede, tienen más competencia ahora para vivir en los sitios donde la gente se va a refugiar, pero al sistema como ya señalaba Adam Smith tiene interés en engañar y oprimir a la comunidad, su interés es ensañar el mercado (que es lo que están haciendo con todas estas operaciones geopolíticas) y eliminar la competencia, es decir quitarse a los gobiernos que no les facilitan las operaciones y negar el cambio climático para ser los primeros en adueñarse de estos mercados sin tener competencia que les suba los precios, que les condicione los intereses, entienda el problema y pueda defenderse.

En resumen, el clima está colapsando más rápido de lo previsto y están accelerando adueñarse de esas zonas, tierras y países dónde la gente se va a refugiar, solo hay que ver el mapa de Yale y entender que de las zonas más extremadamente calientes la gente se va a ir a zonas más frescas. Esto bajo la lógica de engañar, oprimir, ensanchar mercados y eliminar competidores aplicado constantemente da la nueva realidad del orden mundial basado en el colapso climático.

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Analicemos la idea del mes: "la IA no cumple las expectativas"

A lo mejor soy demasiado viejo ya para estas cosas, o puede que lleve demasiados años encima y debajo del márketing, pero esta idea, tan actual y tan repetida de que la inteligencia artificial no cumple con las expectativas me resulta muy sospechosa. Y lo voy a explicar desde la vieja mentalidad, la de mi época.

El primer motivo por el que puede que se esté extendiendo esta idea, es que sea verdad. La IA no cumple con las expectativas que se han puesto en ella, es todo un enorme hype y no van a afectar al mercado laboral ni a la productividad hasta el punto que llegamos a temer. La pregunta, si esto fuese así, es quién está difundiendo esa verdad, porque la verdad no se difunde sola y hay mucho, mucho esfuerzo en dar a conocer este punto de vista. ¿Los perdedores de la carrera de la IA? ¿El público en general, que ve que los modelos publicados no cumplen con las tareas que se les piden? Puede ser, pero no me queda claro y ahí lo dejo.

El segundo motivo es el de Lucky Strike. No, oye, no os preocupéis, que los riesgos que se mencionan para mi producto no son ni mucho menos los que algunos apuntan. Tranquilo, que la IA no va a ser disruptiva, ni va a traer problemas, ni hace falta regularla. ¿No veis que es todo una chorrada y no funciona como se esperaba? Tranquilos, dejadnos seguir invirtiendo, gastar agua y electricidad y esperad a ver a lo hostia que nos damos, porque estamos gilipollas y vosotros no. Tranquis. Y claro que puede que lo digan de todo corazón y con la máxima sinceridad, pero coño, algo me induce a sospechar de estas cosas.

Creo que la respuesta está a medio camino entre la primera y la segunda opción: por una parte, las cosas no funcionan realmente como se espera, aunque sólo veamos el menos avanzado de cuatro niveles de modelos. En esa cuarta división, que es la más visible, las cosas no van como se promete. ¿Pero qué pasa en la tercera división (la de pago) , la segunda (gubernamental) y la primera (desarrolladores)? ¿Tampoco ahí avanzan las cosas o estamos un poco a oscuras de lo que sucede ahí? Supongamos que en parte, no. Y luego tenemos que, aunque funcione, hay que quitarle el miedo a la sociedad, porque al mismo tiempo que la capacidades de la IA estaban creciendo los miedos.

Y para eso, y sabemos, están los que aseguran que no va a pasar nada porque el tigre es un gatito, un poco grande, pero gatito. Un verdadero clásico del márketing.

Ya veremos...

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Extracto de "El Fracaso de la Felicidad", de Jesús G. Maestro

La felicidad no es un refugio, ni una placenta. Es un placebo con pinchos. La felicidad es una sala de tortura. ¿Por qué del temor a los dioses en las antiguas religiones hemos pasado hoy a tener miedo a todo y de todo, sin excepción? Porque hoy todo se ha divinizado, y absolutamente todo lo que nos rodea se ha convertido en una divinidad incuestionable, intocable y sagrada, a la que hay que someterse por respeto total hacia ella. Los animales son dioses, las lenguas son divinas, los pueblos son sagrados, los sentimientos son intocables, las opiniones son dogmas, las ideologías son imperativos incuestionables, las emociones exigen devoción, la fe impone sumisión absoluta, y si todo esto no te hace feliz, es porque eres un hereje, incapaz de comprender que vives en un mundo perfecto, en el que no tienes ninguna razón para protestar. Está prohibido ser infeliz. Una ley no escrita —todavía— te lo advierte, de forma cada vez más imperativa y menos silenciosa. Ser infeliz te convierte en sospechoso de disentir con el sistema. Tal vez, incluso, en algo peor: en un enfermo mental. El sistema tratará de «curarte». Imagínate cómo.

La ley te la dictan y escriben con ladridos de perro, pero tú a un can no podrás levantarle la voz, porque no está permitido herir su sensibilidad. Ladridos, sí; petardos, no. A ti te pueden molestar; a tu mascota, no. Se nos exige vivir en los extremos de la realidad. En los más extremos, ruidosos e irracionales contrarios. Y ser feliz es obligatorio, aun cuando no haya ninguna razón para ello. Evidentemente, así no se puede vivir. Tampoco en un manicomio. Y, sin embargo, hoy, nuestras sociedades occidentales parecen haberse convertido en un manicomio de puertas abiertas. Abiertas, sí, hacia ninguna parte. El mundo se ha convertido así en algo insufrible e incompatible con la cordura animal y humana. El mundo del siglo XXI es un laberinto lleno de locos. Y nosotros estamos dentro de ese laberinto. Algunos lo llaman democracia; otros, totalitarismo. Acaso ambos tengan razón, y la única diferencia sea la perspectiva o el punto de vista que contempla una misma realidad, laberinto o manicomio, totalitarismo o democracia.

A las personas que viven obsesionadas con un ideal —ajeno a la realidad—, un ideal con frecuencia avalado por un gremio religioso, filosófico o ideológico, que hace de la felicidad bandera, les resulta muy difícil ser tolerantes con las ideas de otras personas. El ideal puede ser la felicidad, pero puede ser también cualquier otro imperativo dominante: la solidaridad, el animalismo, la libertad, el cambio climático, la izquierda o la derecha, el feminismo, la cultura, el poshumanismo, la güija o la sopa de ajo, la fe en esto o en aquello o simplemente la vida cartuja. El problema surge cuando, en nombre de un ideal, no se permite a los demás vivir en la realidad. El respeto es el reconocimiento de lo diferente en condiciones de superioridad. En condiciones de igualdad, se llama prudencia. Y en condiciones de inferioridad es, directamente, obediencia y sumisión.

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MALEMÁTICAS CCCXI: sin ningún sentido numérico

MALEMÁTICAS CCCXI: sin ningún sentido numérico

Uno de los grandes males actuales es que muchas personas han perdido el sentido numérico y son incapaces de comprender el sentido de las cantidades cuando supera ciertos niveles de magnitud, tanto por lo alto, como por lo bajo. El alcalde de Almonte (al que pertenece Matalascañas) asegura que harían falta 800.000 millones de euros para retranquear el paseo marítimo 100 metros, eliminando 300 construcciones. Los 800.000 millones de euros es la mitad del PIB anual de España y supondría que el coste por edificación sería de 2.667 millones de euros. Vamos, ni que cada una fuese el Palacio Real de Madrid.

Pero no es la única perla de anumerismo que nos ha dejado el alcalde, porque en el artículo completo de la edición impresa podemos leer que achaca todos los problemas a la construcción de un espigón en Huelva "que impide que 300 metros cúbicos de arena pasen cada año a esta playa". Esa cantidad de arena es ridícula y se podría llevar en menos de 15 camiones.

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Energía XXI ha detectado un incidente de seguridad

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A pesar de las medidas de seguridad implementadas por esta compañía, hemos detectado evidencias de un acceso no autorizado e ilegítimo a ciertos datos personales de nuestros clientes relativos a sus contratos energéticos entre los cuales se encuentran los suyos. La investigación en el momento actual refleja que el actor malicioso habría tenido acceso y podría haber exfiltrado de nuestros sistemas datos identificativos básicos, de contacto, DNIs y datos relativos a su contrato con Energía XXI y eventualmente a sus medios de pago (IBANs), si bien, en ningún caso, se han visto comprometidos datos de acceso a contraseñas.

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Tanto la operativa como los servicios de la compañía funcionan con total normalidad y puede seguir utilizándolos.

Rogamos disculpe cualquier inconveniente que este incidente pueda ocasionarle y le reiteramos nuestro compromiso con la seguridad y con el cumplimiento de la normativa de protección de datos. En cualquier caso, si tuviera cualquier duda sobre esta cuestión, puede ponerse en contacto con el Delegado de Protección de Datos de Energía XXI en el siguiente correo electrónico: [email protected] 

En caso de que, en el curso de los próximos días, obtengamos información adicional relevante sobre este incidente, nos pondremos en contacto con usted a la mayor brevedad.

Atentamente,

Energía XXI 

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Idea novela de ciencia ficción: sobre textos "sagrados" milenarios que contienen software

Imaginemos que alguien (o algo) visita la Tierra hace miles de años y encuentra civilizaciones humanas muy primitivas. Estas sociedades ya tienen lenguaje, mitos y religión, pero no están preparadas para recibir conocimientos científicos o tecnológicos avanzados, ni lo estarán durante muchos siglos.

Este "ente" por la razón que sea quiere ayudar a la humanidad, pero sabe que una intervención directa sería inútil o peligrosa. En lugar de eso, decide dejar un mensaje pensado no para el presente, sino para el futuro.

Para hacerlo entrega a distintas civilizaciones unos textos sagrados. A simple vista estos textos hablan de dioses, del origen del mundo, del caos, de la redención y de otros temas que encajan perfectamente con la mentalidad de esas culturas. Son historias simbólicas, fáciles de aceptar y de transmitir durante generaciones.

Sin embargo esos textos esconden algo más. Utilizando esteganografía y estructuras repetidas contienen software y de forma indirecta también describen cómo construir el intérprete necesario para ejecutarlo. No lo hacen describiendo un intérpete concreto y mediante lenguaje técnico, sino mediante ejemplos, metáforas y patrones repetidos.

El mismo código aparece con distintas historias en varias civilizaciones del mundo completamente aisladas entre sí. De esta forma alguien que detecte que todas esas historias comparten una misma estructura profunda empezará a sospechar que hay algo más que lo que se ve a simple vista.

La idea es que cuando la humanidad alcance el nivel intelectual y tecnológico adecuado sea capaz de reconstruir ese núcleo común, entender cómo ejecutarlo y ponerlo en marcha. Al hacerlo, el software no revela "el sentido de la existencia" por ejemplo, sino que proporciona las reglas básicas del funcionamiento del universo, permitiendo un avance científico enorme en muy poco tiempo.

Al tratarse de textos sagrados copiados con cuidado y distribuidos entre muchas culturas el contenido tiene más probabilidades de sobrevivir durante milenios con pocas alteraciones. Solo cuando todas las versiones se comparan y se analizan a la vez puede verse el significado que contienen.

La historia deja preguntas sin responder:

¿quién creó el texto? ¿que es lo que quería exactamente? ¿que consecuencias pueden aparecer al ejecutar ese software? ¿será la humanidad capaz de asimilar estos nuevos conocimientos sin destruirse a si misma?.

PD: Respondiendo de antemano a comentarios de los expertos de la casa:

  • "En 2 palabras: Menuda mierda. En 3 palabras: Menuda puta mierda." pues si. Gracias por la aportación. XD
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¿Difundir un bulo es en si un bulo?

Se me ha ocurrido hacerme esta pregunta de lunes, y es que estaba viendo este meneo

www.meneame.net/story/feliz-ano-nuevo-iranies-agentes-mossad-acompanan

y 2 usuarios estaban discutiendo, uno argumentando que es un bulo el meneo ya que es un bulo lo que dice el personaje objeto del tweet, y otro argumentando que sea un bulo o no, quien enuncia eso es una persona muy relevante y además el meneo es sobre lo que dijo, sea o no verdad. (Disculpas por adelantado si resumo muy mal los hechos, y no me gusta señalar a la gente implicada).

Creo que es relevante y no es que sea un bulo en si dicho meneo, pese a lo que comenta.

Al igual que muchos bulos que dicen otros en sus comunicados, pero que son relevantes por ser quienes son.

Pero también abre un poco la puerta a que si alguien sube un artículo de un medio que es directamente un bulo, podría no ser un bulo, dado que alguien ha decido difundir un bulo a los cuatro vientos.

O que si un usuario de mnm decido difundir un bulo abiertamente, ¿se le debería castigar o no?

A lo mejor son pajas mentales mías o que el sistema de mnm tiene cosas por pulir en un futuro muy lejano.


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