La guerra que se libra en Alepo desde hace dos días nos lo demuestra una vez más: ningún ataque en Oriente Próximo es fortuito, y ningún conflicto es meramente «local». Lo que hoy se ataca en Alepo —con bombas, armas y asedio— no es solo una ciudad. Lo que se ataca es la voluntad de los pueblos de convivir, la experiencia de autogobierno. No es solo un grito de ayuda, sino un llamamiento conjunto a la resistencia. La solidaridad es vida.
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Me suena que esto tiene que ver con el monopolio de la fuerza.