Artritis != artrosis, aunque la primera acaba provocando también la segunda. Pero la artrosis, tal cual, puede producirse por otras muchas causas, como el desgaste natural de las articulaciones al llegar a la vejez; o durante la juventud, en deportistas. En estos casos donde el desencadenante no es la artritis, parece que este fármaco no será de aplicación. Pero hay tratamientos aparentemente muy prometedores que -ahora sí- «combaten de raíz la artrosis», incluso regenerando el cartílago dañado:
Parece efectivo especialmente en procesos artrósicos poco avanzados. Lo comento por si le interesa a algún lector en mi misma situación: joven con artrosis incipiente. Puede ser una opción muy a tener en cuenta.
Y tampoco me quedo tranquilo si no comento qué me pasa y cómo llegué a ello, por si le ahorro un calvario equivalente a alguien. Tengo principio de artrosis en rodillas, caderas y codos. No padezco ninguna enfermedad autoinmune ni déficit mineral alguno, ni problemas con la síntesis de colágeno. Pero tenía hipotiroidismo, aproximadamente desde los 12 años, cada vez más acusado: los gravísimos problemas anímicos con los que fue cursando me los diagnosticaron erróneamente como una fuerte depresión que no respondía adecuadamente a medicación antidepresiva. Precioso, ¿verdad? Fue extraordinariamente destructivo, a todos los niveles. Puede decirse que hace dos años pasé de estar desahuciado a volver a nacer; literalmente. Ahora tengo que ir aprendiendo a vivir: no lo he hecho hasta ahora, me he ido perdiendo prácticamente todo. Pero es sorprendente lo agradable que resulta de repente, durante estos dos años; ya ni siquiera me acordaba de qué se siente al poder vivir, sin más.
A día de hoy no me explico cómo ningún médico reparó en tal posibilidad durante más de 15 años de calvario brutal, pero he aquí mi encarecida recomendación: si tienes problemas anímicos, depresivos, y especialmente si van acompañados de molestias en tendones o articulaciones, ¡hazte una maldita analítica para revisar tus niveles de TSH y T4! Por si acaso, ¡no cuesta nada!