En 1987 uno de los mejores gusanos del ejército Worm fue encarcelado por un delito que había cometido. No tardó en fugarse de la cajita en la que le recluían. Hoy, buscado todavía, sobrevive como gusano de fortuna. Si tiene algún problema, quizá pueda contratarle, pero no como cebo.
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menéame
la lamida de anoel documental en Netflix sobre Cayetana de Alba. Tres minutos he aguantado. Lo que me ha echado ha sido ver a Anson diciendo que Cayetana respetaba el peso de sus apellidos, de una casa que llevaba 500 años de servicio al rey y, en definitiva, al pueblo español.Y el hijo de puta consigue decirlo sin reírse.
Cada día me gustan más María Jesús Montero y Yolanda Díaz, porque son pura elegancia y además se conservan estupendamente.
Del partido de esta, me gustaba muchísimo Andrea Levi (hace tiempo que no la veo).
Rosalia: Peazo puta
Zendoya: Liar, liar, liar.
Rosalía: Que te cojo y te rajo
bsky.app/profile/badwolf48f.bsky.social/post/3mkzby6spn22n
Definitivamente, en español se insulta mejor.
@Amperobonus
▬ Pues aquí en España te invitan directamente a la primera, a la segunda y la tercera, después subes al piso de arriba, echas un polvo y cuando bajas te invitan a otra.
▬ ¡Venga ya! ¿Cuándo te ha pasado eso?
▬ A mí nunca, pero a mi hermana un montón de veces.
#chiste_de_yoma
La de estafas online que va a haber da miedito
Por cierto: yo también tengo que aprender. ¿Cómo se generan chatis virtuales tan buenorras?
¿Qué? ¿Qué sentido tiene eso?
Por cierto, "mis compañeros de curro", "mi negocio" => Contradicción detectada
Comentario, ya estamos llamando fachas al antifeminismo.
Eh, ni machismo ni feminismo. Sólo la muerte de la inteligencia.
@Pertinax @Catapulta @Asmode0 @ronko
Y sin embargo, en Raissa hay a cada momento un niño que desde una ventana ríe a un perro que ha saltado sobre un cobertizo para morder un pedazo de polenta que ha dejado caer un albañil que desde lo alto del andamio exclama: —¡Prenda mía, déjame probar!— a una joven posadera que levanta un plato de estofado bajo la pérgola, contenta de servirlo al paragüero que celebra un buen negocio, una sombrilla de encaje blanco comprada por una gran dama para pavonearse en las carreras, enamorada de un oficial que le ha sonreído al saltar el último seto, feliz él pero más feliz todavía su caballo que volaba sobre los obstáculos viendo volar en el cielo a un francolín, pájaro feliz liberado de la jaula por un pintor feliz de haberlo pintado pluma por pluma, salpicado de rojo y de amarillo, en la miniatura de aquel libro en que el filósofo dice: "También en Raissa, ciudad triste, corre un hilo invisible que enlaza por un instante un ser viviente a otro y se destruye, luego vuelve a tenderse entre puntos en movimiento dibujando nuevas, rápidas figuras de modo que a cada segundo la ciudad infeliz contiene una ciudad feliz que ni siquiera sabe que existe”.
Que sobramos muchos.