Si pretendemos analizar la situación actual de la formación y el aprendizaje deberíamos evitar caer en la falta de neutralidad, buscando el equilibrio entre posiciones utópicas y distópicas. Desde cierto punto de vista podría parecer que la educación tradicional, desarrollada para la sociedad industrial, carece de valor, sin embargo lo que está por venir resulta una utopía en la que todo será posible. El sentido común nos dice que la primera afirmación carece de sentido; la educación tradicional basada en el modelo industrial ha resultado, sin lugar a dudas, un logro social sin precedentes. Por otro lado la prudencia y la lógica nos hacen analizar en su justa medida los cambios que ya se están produciendo en la formación y el aprendizaje.
La comparativa del modelo educativo industrial en contraposición a las nuevas formas de aprendizaje se podrían resumir en las siguientes ideas y características:
El modelo educativo industrial se caracteriza por:
Aparecen otros modelos, estrategias, paradigmas, etc. cuyos fundamentos ya estaban escritos hace mucho tiempo y, en términos generales, se caracterizan por:
Por supuesto que hay gente que no está de acuerdo con los nuevos modelos educativos y bien es cierto que como indica Jordi Marti en su blog Xarxatic:
No hay ponencia educativa ni tuit que se precie en el que no aparezca el demonio educativo del siglo XXI: la escuela tradicional. No, no hay gurú que soporte más de cinco minutos de charla sin referirse a ella ...
Jordi y otros educadores consideran que se ha puesto de moda criticar la "educación tradicional" con la intención de sacar tajada "montando" modas educativas, que en el fondo tienen poco fundamento. Montajes propagandísticos destinados a crear un prestigio falto de fundamento surgen en la educación, en la alimentación, en la cultura, etc. etc. Esto no es nuevo, lo que si que es nuevo es que tenemos información accesible y en exceso, que puede facilitar la manipulación y también puede agobiarnos por el exceso, puede infoxicarnos, pero también es cierto que si tenemos la actitud, la habilidad, en resumen la competencia para manejar la información y le unimos el pensamiento crítico y el científico, podremos acabar con cualquier manipulación. Este sería el círculo virtuoso que justificaría la necesidad de un nuevo enfoque en la formación.
Entre los argumentos utilizados por los defensores de la educación tradicional quizás el más utilizado en contra de otras opciones formativas es que estas están en contra de la cultura del esfuerzo, que plantean un mundo idílico e irreal en el que se aprende por verbigracia de la motivación, de la creatividad y del entusiasmo, pero sin esfuerzo. Jose Almeida en su blog da una vuelta de tuerca a este argumento llegando a decir que los que están en contra de la educación basada en las clases magistrales y enfocada en contenidos en realidad desprecian el conocimiento. Según Jose Almeida
Vivimos en un tiempo en el que el antiintelectualismo se ha infiltrado en todas las capas sociales, el conocimiento se banaliza y la persona instruida en cualquier saber debe disfrazarse coloquialmente de "friki" para poder sobrevivir en su entorno social. Solo deslumbra el que alcanza el éxito, aunque sea debido a la futilidad más absurda. Lo racional ha perdido de nuevo la batalla, no solo contra lo emocional sino también contra una frivolidad hedonista que provoca arcadas. Se desprecia sin tapujos cualquier amago de conocimiento demostrado, de dato contrastado o de opinión argumentada.
Para Almeida las nuevas tendencias educativas son una consecuencia más de la falta de criterio intelectual y de que el conocimiento se banalice. La primera y muy evidente incoherencia de este planteamiento es que esa falta de criterio intelectual es consecuencia directa del actual modelo educativo. A partir de esto carece de fundamento afirmar que la "educación tradicional" o la "educación enfocada al contenido" es la mejor herramienta para conseguir una sociedad con criterio intelectual que tenga en cuenta la creciente necesidad de la gestión del conocimiento.
Donde a Jordi se le rompe la tuerca de tanto forzarla es cuando afirma que
... deberíamos andar con cuidado porque detrás de la proliferación de críticas a la docencia realista y pragmática que tiene resultados (por supuesto mejorables) y ha permitido posibilidades de futuro a miles de alumnos no se intuye un intento de mejora de lo existente sino su sustitución por ensoñaciones intelectualmente propias del pensamiento mágico que, en el fondo, enmascaran el último intento del sector privado por dirigir y capitalizar la "modernización" pedagógica de nuestras aulas y nuestros profesores.
Según esto está "la docencia realista y pragmática", la de siempre, y luego está la "otra" que además de carecer de fundamentos sus objetivos son más que discutibles ... todo esto con el único argumento de "que yo lo valgo" y "con un par" . A Almeida solo le ha faltado catalogar a las nuevas tendencias educativas como populistas y bolivarianas. La conspiración paranoica de que vienen los del sector privado para capitalizar la "modernización" pedagógica se queda sin fundamento cuando es precisamente en el sector público en el que aparecen los mejores resultados de la puesta en práctica de otras maneras de entender la educación y el aprendizaje. Esta visión de los nuevos modelos educativos es muy común, no solo entre los educadores. Esta realidad se puede observar en cualquier foro que trate el tema, incluso si es el sistema educativo más avanzado del mundo el que opta por los nuevos modelos educativos.
Sin quererlo Almeida en su artículo ha expuesto claramente porqué es necesaria otra manera de aprender. El conocimiento es la base, sin duda, pero como herramienta para resolver problemas, contradicciones y enigmas, que se nos plantean en el mundo de las cosas. Por nuestra condición los seres humanos aprendemos por la curiosidad, la pasión por el conocimiento, como se le quiera llamar, lo cual ha de servir de acicate para la investigación, la reflexión y la creación, para no convertirnos en esos burócratas, sobre los que Antoine de Saint-Éxupery escribía:
Viejo burócrata… has construido tu paz a fuerza de bloquear, como lo hacen las termitas, la salida hacia la luz. Has rodado, como una bola, tu seguridad burguesa; en tus rutinas, en los mitos asfixiantes de tu vida provinciana; has alzado esa humilde morada contra los vientos, las mareas y las estrellas. No quieres inquietarte con los graves problemas, bastante trabajo has tenido con olvidar tu condición de hombre… No planteas preguntas sin respuesta, eres un pequeño burgués. Nadie te ha sacudido los hombros cuando aún era tiempo. Ahora la arcilla, con la que estás hecho se ha secado y endurecido y nada, en ti, podría, en adelante despertar al músico, al poeta, al astrónomo, que quizás te habitaba en un principio.
¿Conocemos el conocimiento? El conocimiento se fundamenta en definir patrones que puedan ser abarcables por la razón, a partir de estos patrones podemos ser capaces de comunicar, explorar y analizar el conocimiento. Una educación perfectamente estructurada y basada en el contenido tenía fundamento en una sociedad estructurada en la que el conocimiento estaba organizado de forma estática, jerarquizada y definida en contenedores. Hoy día la sociedad tiende a estructurarse en redes dinámicas y en "ecologías", es decir, carece de estructura estable, la estructura ahora es el fruto de la organización, no su requisito previo. Es necesario desarrollar modelos de aprendizaje que se adapten a la nueva situación, son necesarios modelos de aprendizaje flexibles, abiertos, enfocados a obtener un aprendizaje significativo y que cubran realmente las competencias necesarias para la sociedad del conocimiento.
En la formación y el aprendizaje debemos pasar del "esto es lo que hay" a "pensemos en lo que nos conviene y nos puede venir mejor", una educación que tenga en cuenta la ambición del hombre por lograr los deseos, eso que Nietzsche denominó voluntad de poder, como proceso de expansión de la energía creativa que es la fuerza interna fundamental de la naturaleza.
A Paco de Lucía le preguntaron si consideraba el flamenco música popular. Paco, con la humildad que le caracterizaba, contestó que cualquier estilo musical que se desarrolla desde la sensibilidad y el trabajo serio acaba dejando de ser popular. Como hace la gente seria, Paco demostró su idea con hechos llevando el flamenco al más alto nivel de expresión artística. Esta idea se extiende de forma evidente a cualquier otro "arte" en el sentido de expresión artística, incluso también en el sentido de capacidad para hacer algo, lo que sea, aunque en nuestra cultura ese "algo" no puede ser el arte de pensar. Como el resto de artes, el arte de pensar tiene su propia historia, que define como pensamos en la actualidad y explica porqué ahora consideramos el "arte de pensar", a diferencia de otros artes, como ajeno a su propia historia.
Cuentan que Sócrates pasaba las horas en el mercado preguntando; ¿Qué es un zapato? Sabía que podía llegar a conocer "algo" si ahondaba en ello con su propio pensamiento a partir del pensamiento de los demás, justo lo que hizo Paco de Lucía desde la praxis con el flamenco. Desconocemos si Sócrates se puso alguna vez a hacer con sus manos un zapato, aunque lo más seguro es que no, por que en la antigua Grecia el trabajo manual estaba mal visto ya que era propio de esclavos. Esa idea de que el pensamiento está más allá y por encima de la praxis (la experiencia material) se mantuvo durante toda la edad media, primero con el platonismo de la alta edad media y más tarde con el aristotelismo de la baja. Durante todo ese tiempo el sujeto de conocimiento era Dios, es decir, la fuente de conocimiento era el absoluto al que solo se podía llegar por la fé. El conocimiento por lo tanto se entendía como verdad revelada. De alguna manera, pasamos siglos en los que la base del conocimiento se fundamentaba en un platonismo malentendido y llevado al extremo. Es cierto que en la baja edad media, con la lógica y el pensamiento estructurado heredado de Aristóteles, creamos (la especie humana) los mimbres para que se pudiera desarrollar el pensamiento moderno, pero la idea de conocimiento como verdad revelada se ha mantenido hasta la actualidad. La diferencia es que esa verdad revelada actualmente no viene desde la teología, si no que viene desde la técnica, la ciencia mal entendida, la economía y la política. Comprender porqué esto es así requiere entender que la modernidad es consecuencia del utilitarismo kantiano, y a que su imperativo categórico aplicado más allá de la ética individual junto a que la revolución copernicana se ha llegado a entender por la imposibilidad de conocimiento más allá del empirismo, ha convertido en el empirismo, a través de la ciencia empírica, en esa suerte de verdad revelada. Hume se revolvería en su tumba si viera que su escepticismo empírico ha quedado, por mor del pensamiento vulgar, en vulgar cientifismo.
Paco de Lucía también dijo: Fui de izquierdas hasta que gané los dos primeros millones de pesetas. Cuando los guardé en el banco, que no hice ni escuelas ni se lo di a los niños de África, cuando no hice nada por los demás con ese dinero, desde ese día no volví a decir públicamente que era de izquierdas. Si Paco hubiera sabido que, a partir del pensamiento de Hegel, la gran aportación de Marx al conocimiento ha sido incluir al zapatero y al esclavo en la ecuación del conocimiento, es decir, la praxis/acción como único medio para emanciparse y salir de la enajenación, como fue un tipo muy inteligente seguiría pensando que no era de izquierdas, porque sería consciente que definirse de izquierdas es una estupidez propia del pensamiento vulgar.
Si alguno pensó que este artículo iba a dar una solución para "mejorar" el pensamiento crítico, que siga el ejemplo de Paco de Lucia. Hagas lo que hagas, hazlo bien y entenderás el fundamento de todo.
Hace poco con mi amigo mendru, reflexionamos sobre la urgencia de potenciar en la sociedad el pensamiento crítico. Llegamos a la conclusión de que aún llevando a cabo la mejor estrategia para desarrollar esta competencia faltaría por superar «el gran escollo» del pensamiento crítico; el miedo y en concreto el miedo a la verdad. Ese miedo y la falta de un buen análisis es lo que nos puede meter en problemas, porque como decía Mark Twain.
No es lo que no sabes lo que te mete en problemas. Es lo que crees saber con absoluta seguridad y sencillamente no es así.
Si miramos hacia el futuro, nos encontramos con un panorama lleno de incertidumbre y complejidad. En todo caso hay algo que cada vez está más claro: si queremos que la Tierra pueda satisfacer las necesidades humanas futuras es necesaria una transformación. Debemos trabajar para construir un «futuro viable», para hacerlo es imprescindible conocer el presente y para conseguir esto es necesario entender el pasado.
El cine puede ser una herramienta pedagógica insuperable y lo sería mucho más si no fuera por el copyright. El cine, ya sea de ficción o documental, ha expuesto con mucha claridad la cruda realidad: Inside Job (Charles Ferguson, 2010), Margin call (J. C. Chandor, 2011), The company men (John Wells, 2010). Para explicar el ambiente en el que se «coció» la crisis, aconsejaría ver El Lobo de Wal Street, obra del genial Martin Scorsese y para entender como evolucionó, desde la acumulación de las hipotecas y créditos ideada por Lewis Ranieri hasta el estallido de la crisis hipotecaria, sin duda recomiendo la adaptación del director Adam McKay del libro de Michael Lewis, La gran apuesta.
La realidad no pinta demasiado bien, pero seamos optimistas y tengamos en cuenta a Bertolt Brecht.
La crisis se produce cuando lo viejo no acaba de morir y cuando lo nuevo no acaba de nacer.
Para que nazca lo nuevo y para planificar el futuro antes debemos entender cómo hemos llegado hasta aquí.
En el Archivo General de Indias, justo al lado de la catedral de Sevilla (España), proyectan un video documental en el que, a través de la historia del propio edificio, se narra la evolución entre la economía de mercado y el capitalismo, fruto de la aparición y extensión de los intercambios comerciales a larga distancia; las primeras «globalizaciones».
Según Fernand Braudel, el gran historiador económico francés, hay una clara diferencia entre capitalismo y economía de mercado. Braudel señalaba que eran cualitativamente diferentes, que una economía de mercado no era una economía capitalista y que el capitalismo se desarrollaba sobre la economía de mercado de la que había surgido a sus expensas y en múltiples ocasiones contra ella.
La economía de mercado braudeliana coincide con el mundo soñado por Adam Smith, un mundo donde el dejar hacer, dejar pasar liberal, sería en la mayor parte de los casos una buena política económica. La cercanía entre los agentes y la horizontalidad de sus relaciones, propiciarían el desarrollo de redes de solidaridad y comunidad que posibilitarían una convivencia suave y armónica de modo que se atenuasen los efectos negativos de la lógica competitiva.
Según Braudel el capitalismo se caracteriza por el surgimiento de una élite económica imbricada con las otras élites sociales, a las que domina: la política, la militar, la religiosa, la cultural. Estas élites sociales están desconectadas de los otros estratos económicos debido a la deslocalización de las actividades económicas capitalistas.
En resumen, según la perspectiva histórica braudeliana es evidente que la crisis que estamos sufriendo es un episodio más de la ya larga lucha del capitalismo no contra el socialismo, sino contra la economía de mercado.
En un mundo tan complejo llega la desesperanza, por eso es necesario recordar la cita de William Morris (A Dream of John Ball, 1886):
Los hombres luchan y pierden la batalla, y aquello por lo que peleaban llega, pese a su derrota, y luego ya no parece ser lo que creían, y otros hombres deben luchar por lo que creen, bajo otro nombre.
Tenemos información suficiente para entender donde estamos. Esto no quiere decir que tengamos claro hacia dónde vamos. Lo que si está claro es que, como siempre, depende de nosotros.
Ante tanta complejidad ejercer de futurólogo, más que complicado, es absurdo, pero podemos dejar pinceladas de grandes pensadores que nos pueden iluminar el camino.
Peter Drucker al preguntarle en una entrevista sobre el concepto de sociedad del conocimiento contestó con la claridad que le caracterizaba:
Es un concepto simple. En un sistema capitalista, el capital es el recurso de producción crítico, y está totalmente separado, y aún en oposición, con el trabajo.
En la sociedad hacia la cual nos estamos encaminando rápidamente, el recurso clave es el saber. No puede ser comprado con dinero ni creado con capital de inversión. El saber reside en la persona, en el trabajador del conocimiento.
El capital se volverá redundante, o sea, está por dejar de ser un 'recurso'. El capital es importante en tanto factor de producción, pero no es más un factor de control.
Esta nueva realidad el antropólogo Pierre Lèvy la denomina capitalismo informacional y desarrolla acertadas ideas sobre su posible evolución:
Gracias al ciberespacio, los conocimientos que están en el dominio público jamás han estado tan accesibles y utilizables como hoy día, y a un costo tan bajo. Toda idea colgada en cualquier parte de la red es inmediatamente legible en todas partes, y conectable desde cualquier otra. La libertad de expresión, de comunicación y de asociación crecen a ojos vista.
La transparencia del cibermercado nos permite orientar la economía, escogiendo los productos que mejor corresponden a nuestros criterios éticos, ecológicos, políticos y sociales.
Como resumen me quedaría con esta idea de Lèvy.
El capitalismo informacional parece dirigirse hacia el establecimiento de reglas de juego según las cuales las más competitivas son precisamente las más cooperativas.
Cuanto mejor una persona, se la "eleva", se ensalza e idolatra o sobrevalora debido a sus conocimientos o puntos de vista más expertos o claros. ¿Pero y si es al revés? Quizá están cavando, ahondando en la vida hasta llegar a puntos en que ya pocos los comprenden. En esas fosas de verdades, se sienten solos, apenas se les oye y su idioma lleno de sabiduría se ha convertido en un nuevo lenguaje sin país natal. En la oscuridad, se las apañan para comunicarse, enseñando y asombrando, siendo idealizada su figura escondida, alejada ya del común. Entre las nuevas perlas hay restos desechables, un mensaje cifrado de ayuda clamando comprensión y compañía, lo esencial de cada ser y de la cordura. Sin embargo no desisten; ni desistirán.
Por eso digo que quizá es hacia abajo su exaltación, pues arriba está el cielo y abajo el infierno. Nadie es feliz allí.
Cuando se tiene imaginación, se tiende a crear historias, con el peligro de idealizar o soñar en exceso. Conforme más historias se crean, y manteniendo los pies en el suelo, uno se percata de la idealización y evasión que crea además en las mentes ajenas. Entonces te propones crear la historia "que abra los ojos" a los demás, para que dejen de soñar y comiencen a ser realistas sin dejar de disfrutar de la ficción. Pero esa es la ironía, que uno crea usando el mismo elemento que pretende evitar, y por mucho que explique el problema, retroalimenta la fantasía.
Karl Jaspers: "La voluntad de vida filosófica mana de la oscuridad en que se encuentra el individuo, del sentirse perdido cuando sin amor se petrifica, por decirlo así, en el vacío, mana del olvido de sí mismo que hay en el ser devorado por los impulsos, cuando el individuo de repente despierta, se estremece y se pregunta ¿qué soy?, ¿qué estoy dejando de hacer?, ¿qué debo hacer?" [«La filosofía desde el punto de vista de la existencia»; México D.F.: Fondo de Cultura Económica, 2013 [1949], página 121].
«No hay manera de escapar a la filosofía. La cuestión es tan sólo si será consciente o no, si será buena o mala, confusa o clara. Quién rechaza la filosofía profesa también una filosofía, pero sin ser consciente de ella.»
menéame