Administración, ecologistas y ganaderos valoran las consecuencias del plan iniciado por Francia en 1996 que evitó la extinción de la especie. La población osera crece, pese a las bajas por el veneno o las balas, y camina hacia una obligada coexistencia con los ganaderos. Quedaban menos de media docena de osos en los Pirineos, reducidos a la Jacetania y a la región del Bearn, cuando en la primavera de 1996 Francia liberó a los primeros ejemplares eslovenos a 30 kilómetros de la línea divisoria. La suelta generó mucho ruido. Los ganaderos galos c