Las analogías simples es cierto que pasan por alto los detalles y las sutilezas, pero uno no puede dejar de mirar al pasado y comparar las barbas que vimos pelar del vecino con las nuestras de ahora.
Esparta y Atenas, junto con otras ciudades estado partidarias de cada una, se estuvieron dando leña y poniéndose zancadillas durante un par de siglos. A pesar de haber peleado contra los persas en las Guerras Médicas (y las famosas batallas de Maratón, las Termópilas, Salamina, etc.), nunca llegaron a formar un conjunto estable y unido de griegos con una cultura e intereses comunes. Al más puro estilo cainita, los espartanos, con tal de pisotear a sus vecinos atenienses, llegaron a aliarse con los persas que eran enemigos de toda la vida. Ganaron las guerras del Peloponeso a costa de dejar en la ruina a Atenas, pero también a su propia ciudad, Esparta, y a sus aliados. Esto fue en el 404 a.C. Treinta años después, Tebas al mando de Epaminondas, derrotó a Esparta, y ya no quedó fuerza real que pudiese contener a invasores externos. Otros treinta años después Filipo II y Alejandro Magno vinieron de Macedonia a poner firme al cachondeo griego. Y a la muerte de Alejandro, llegaron sucesivas fragmentaciones, derrotas, divisiones e invasiones que culminaron con el Imperio Romano pasándoles por encima sin que nadie allí meneara una pestaña porque no tenían con qué defenderse de una potencia militar tan apabullante.
Quienes habían fundado buena parte de los principios de la civilización en el Mediterráneo, habían enseñado a todo cristo cómo construir magníficos templos y palacios, cómo hacer esculturas dignas de dioses, habían creado poemas, tragedias y comedias excelsas, acabaron siendo el parque de atracciones de los romanos, que admiraban la cultura (y la asimilaban) pero que despreciaban su falta de fuerza. Era muy normal que las buenas familias romanas tuviesen un maestro griego para sus hijos, esclavo o simplemente siervo. Para eso quedaron.
En la Europa moderna, y vuelvo a las analogías simples, aquí estamos peleándonos como atenienses y espartanos, algunos incluso aplaudiendo a los nuevos "persas" que se están empezando a merendar parte del planeta, mientras nos debilitamos sin querer ver la horda que se nos viene encima.
¿Seguiremos los europeos formando liguillas internas para fostiarnos entre nosotros, o por una vez, alguien reaccionará y pararemos los pies a quien quiere convertirnos en un monigote, pisotear nuestros derechos, y reírse de nuestra Historia?

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