A principios de los años 2000, Sabino aceptó una promoción de Caja Madrid: si domiciliaba su nómina, le “regalaban” un seguro colectivo de accidentes. No firmó ningún contrato de seguro, no rellenó cuestionarios médicos y tampoco pagó prima alguna. Simplemente recibió un certificado donde se decía que estaba cubierto en caso de fallecimiento o invalidez con una indemnización de 9.015€. Años después sufrió un infarto, que acabó en incapacidad permanente absoluta. Convencido de que el seguro debía responder, reclamó los 9.000€ a la aseguradora...
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