Paca Blanco, de 77 años, y Mariano Ordaz, de 67, comparten un mismo problema: viven con la incertidumbre diaria de un posible desahucio. Entre cajas y maletas a medio hacer, por si un día tienen que marcharse rápidamente, aseguran que la sensación de impotencia y angustia es constante. Y es que la amenaza de perder la vivienda, ya sea por impagos, alquileres inasumibles o contratos precarios, deja huellas profundas en la salud física y mental. Más allá de la depresión, la ansiedad o el insomnio, explica a Infobae la socióloga Laura Barrio.