Bajo el hielo de la mayor isla del mundo hay oro, tierras raras, gas y petróleo por valor de miles de millones, un botín estratégico que explica por qué Trump insiste en quedarse con Groenlandia y evitar que China o Rusia se adelanten. Con más de dos millones de kilómetros cuadrados —y con tres cuartas partes de su superficie cubiertas de nieve y hielo— Groenlandia es, literalmente, una mina de oro aún por explotar. Y no solo de oro: también uranio, cobre y, sobre todo, tierras raras.