Hubo un tiempo en que tuvieron gran éxito las obras culturales centradas en contar las desgracias de los pobres. Con ese tipo de narrativa se hizo Dickens millonario, por ejemplo, y generaciones enteras lloraron las desventuras de Heidi, Marco y el Perro de Flandes. Era el modo antiguo de hacer literatura social y reivindicativa. Sin embargo, de unos años a esta parte, parece que ha cambiado la clave con que se muestran las diferencias de clase, y ahora resulta más interesante mostrar las miserias morales de los ricos..