En Málaga, levantar la persiana de un pequeño negocio cada día, para muchos autónomos, es una auténtica carrera de fondo. Se trata de una realidad cotidiana marcada por el vencimiento de contratos de alquiler que se renuevan con subidas desorbitadas, en muchos casos abusivas; por cuotas de autónomos imposibles de asumir; y por una percepción cada vez más extendida del sufrimiento del abandono institucional. Una presión constante que empuja a sacrificar la vida personal para sostener el negocio y garantizar, al final de mes...