El escaparate inmobiliario alrededor de Madrid se ha convertido en una trituradora de expectativas. En municipios del cinturón extendido —zonas a unos 40 kilómetros de la capital, con accesos que permiten llegar en 40 minutos en coche— el adosado de salida ya se mueve en una frontera psicológica: 400.000 euros como mínimo. No hablamos de lujo prime ni de barrio histórico. Hablamos del sueño familiar de toda la vida: jardín pequeño, dos plantas, plaza de garaje y sensación de “salir del piso”.