Los testimonios de los afectados describen un paisaje desgarrador. Familias que han perdido seres queridos, pequeños comerciantes que ven su negocio—su única fuente de ingresos—completamente destruido. Las ayudas prometidas son, en muchos casos, insuficientes para volver a abrir la persiana. El agua no solo arrastró bienes materiales; también arrastró la dignidad, la seguridad y la esperanza de miles de personas. Enfrentarse a esta tragedia requiere mucho más que palabras bonitas o visitas institucionales que se quedan en fotos.
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