Brody Allen tiene dos años y un cáncer terminal. Sus padres saben que no llegará siquiera a Navidades. Pero lejos de quedarse encerrados en casa en medio de semejante drama, la familia del pequeño ha decidido darle la última gran alegría de su vida: celebrar la Navidad en pleno mes de septiembre. Esta familia de Cincinnati, en el medio-este de Estados Unidos, está dispuesta a hacer posible lo imposible.
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