No son sus mujeres ni sus madres las que durante 24 horas de guardia tienen el corazón encogido porque apenas son 3/4 en el parque de bomberos en muchas noches complicadas –todas desde el 1 de enero– ni son sus hijos quienes quizás no vuelven a ver a su padre y no son sus parejas las que suplican para que el servicio no sea complicado, que regresen sanos y salvos. Y enteros. Déjenme decirles que solo por su culpa, por su irresponsabilidad y por su arrogancia y resistencia a poner solución a lo que llevan más de dos meses pidiendo
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