«Eran tres. Según bajamos del coche, nos vieron coger los batefuegos y nos dijeron si teníamos más», recuerda este gudiñense, que quiere dar voz a la labor que hicieron sus más recientes vecinos. Como no había batefuegos extra, los tres jóvenes improvisaron sus propias herramientas con otras plantas que encontraron. Se colocaron en fila con el resto de vecinos y, ataviados con gorras, guantes y unas mascarillas que les dio José Luis, la emprendieron con fuerza contra las llamas. «Apagaban todo con el físico que tienen», explica.
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