En cuanto Meri-Tuuli Auer vio el correo en su carpeta de no deseados, supo que no era un correo basura cualquiera. Contenía su nombre completo y su número de la seguridad social, el código único que usan los finlandeses para acceder a servicios públicos y a la banca. El correo estaba lleno de detalles sobre Auer que nadie más debía conocer. El remitente sabía que ella estaba recibiendo psicoterapia a través de una empresa privada llamada Vastaamo. Afirmó haber pirateado la base de datos de la firma y haber conseguido los registros.
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