“El Capitolio es nuestro objetivo. Todo lo demás es una distracción”, anunciaba la extrema derecha un día antes. “Cada miembro corrupto del Congreso encerrado en una habitación y rodeado de estadounidenses reales es una oportunidad que nunca se volverá a presentar”. Ese fue solo un ejemplo de cómo los extremistas se estaban organizando. En las plataformas de redes sociales más pequeñas, como Parler y Gab, que se convirtieron en lugares de reunión de la extrema derecha, los llamados a la violencia fueron más abiertos.
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