Si queremos cambiar algo, habrá que dejar de escandalizarnos por porcentajes y empezar a revisar nuestras categorías, nuestras palabras y nuestros silencios, y ver en qué modelos eróticos llevamos décadas insistiendo sin darnos cuenta. Porque mientras sigamos llamando "sexo completo" únicamente a la penetración, lo incompleto no será el el encuentro adolescente, sino nuestra forma de entenderlo.
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