Simpatía, sí. Solidaridad, también. Pero, de momento, poco más. Ni en Washington -capital de la potencia desafiada por el ascenso chino- ni en Londres -la vieja metrópoli colonial- existe la voluntad de enfrentarse a China por el movimiento democrático en Hong Kong. Las consideraciones geopolíticas, los intereses económicos y el respeto a la soberanía prevalecen sobre la retórica favorable a los derechos humanos.
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