El día que la pandemia echó el cierre de las salas de cine, sus dueños no sabían que cinco años después seguirían aún tratando de identificar de dónde había llegado el golpe y, sobre todo, cómo levantarse tras recibirlo. Pero esa es la realidad. Y cada estadística cultural es una losa para unos espacios que ni han recuperado sus tasas de asistencia en un lustro ni su facturación, ni están cerca de conseguirlo. Mientras, cada día se consumen más películas... desde el salón de casa.
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