Alemania, históricamente motor industrial de Europa, vive una destrucción acelerada de su industria química: desde 2018 la producción ha caído un 20 % y la inversión directa huido del país supera los 100 mil millones de euros en 2024. El sector químico siempre actúa como termómetro: retrocedió antes de las recesiones de 1992 y 2001, y ahora vuelve a marcar mínimos. La causa no es un ciclo corregible, sino una quiebra estructural inducida por la política: precios de energía artificialmente inflados ...
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