Entre las memorias asoma también Jaime de Marichalar, una parte que en el país vecino no ha levantado tantas ampollas: el ex yerno sale malparado al ser señalado como la raíz amarga de los extravíos de Froilán. Juan Carlos, con una frialdad que sorprende incluso en un hombre habituado al mármol del poder, escribe: "El divorcio de sus padres y una cierta falta de autoridad paterna le condujeron a una vida desvergonzada". No es un reproche: es una lápida. El Emérito quiere dejar constancia de que entre padre e hijo nunca hubo cercanía alguna. Y,
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