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El extraño placer de equivocarse (cuando nadie te ve)
En el proceso aparece la dopamina, que le dice al cerebro que lo que acaba de ocurrir contiene información útil. El error manejable, el error que no pone en peligro la identidad ni la reputación de quien lo comete, produce precisamente ese tipo de señal. Un niño que aprende a caminar no interpreta cada caída como un fracaso personal ni como un síntoma de incompetencia. Con los años la vida social empieza a tratar la equivocación como un pequeño incidente público. Las redes sociales han llevado ese fenómeno a un territorio casi absurdo.
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"Lo perfecto es enemigo de lo bueno"
Experimento ese extraño placer que proporcionan los errores cuando estoy aprendiendo a hacer algo, siempre que no sean repetidos; entonces se convierte en incompetencia y deja de ser divertido.