Tras la escena shakespeariana en la Casa Blanca, en la que Donald Trump recibió un Nobel imaginario, vuelve a surgir la cuestión de la salud mental. Para Élisabeth Roudinesco, no se trata de diagnosticar las patologías de un hombre, sino de comprender por qué todo un sistema político acepta plegarse a un delirio narcisista sin límites.