Mientras España les cerraba puertas por edad, Australia les ofreció empleo, ayudas, seguridad y una segunda vida que Beatriz asegura que jamás habría tenido aquí. Gallega, de 65 años recién cumplidos, su vida empezó a cambiar el día que el mercado laboral español decidió que su marido, con 42 años, ya era “muy mayor” para volver a trabajar. Hasta entonces llevaban una vida sencilla en su “querida Coruña”...
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