El corsario Pinguin

Sir james Oktwell, en su despacho delas islas Hébridas, no daba crédito a lo que le decían. No era la primera vez que escuchaba algo así, pero nunca había tenido que hacerse cargo personalmente.

—O sea que, según usted, hay un corsario nazi por el Norte.

—Sí. señor —le repondio Howard, su ayudante.

—Y dice que va atacando balleneros para perjudicar nuestra economía...

—Sí señor, y porque su capitán odia que se mate a las ballenas. El capitán corsario es un tipo muy raro.

—Un corsario. Nazi. Que ataca balleneros.

—Eso es, señor. Y nos exigen que hagamos algo. Lo avistaron por última vez refugiándose en Groenlandia.

—¿En Greonlandia? Bueno, los alemanes han conquistado Dinamarca... —repuso Oktwell.

—Hay que hacer algo con él, señor.

—¿Qué le parece olvidarlo completamente?

—Me parece una gran idea, señor.

—Póngala en marcha de inmediato —concluyó Oktwell.

Con el tiempo, el Pinguin se hizo famoso y alguien llamó la atención a Oktwell por ello, pero esa ya es otra histoaria.