La victoria de Bally Bagayoko en Saint-Denis ha desatado el pánico de una derecha francesa incapaz de aceptar que la Francia real ya no es blanca, rica y heredera del colonialismo. El problema para cierta derecha francesa no es la corrupción, ni la desigualdad, ni el precio de la vivienda. El problema es que un hombre negro gobierne una ciudad simbólica de la periferia parisina sin pedir perdón por existir. Han estudiado. Trabajan. Forman familias. Son médicos, abogados, periodistas, educadoras y educadores sociales. Votan. Se presentan...
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Durante años, la banlieue solo aparecía en televisión para hablar de disturbios, incendios o “guetos islamistas”. Ahora aparece porque produce liderazgo político. Y eso cambia el relato entero"
La victoria de Bagayoko responde a un doble fenómeno: demográfico y social. Los jóvenes que se manifestaban hace 15 años en la calle, ahora tienen 30, 35 o 40 años. Y en lugar de una radicalización, la mayoría ha vivido un cierto aburguesamiento. Ahora tienen hijos, una vida profesional, y quieren un reconocimiento. Además, hay una diversificación social. “Antes los musulmanes tenían acceso a trabajos de inmigrantes, pero ahora son médicos, abogados, periodistas… educadores sociales. Es una especie de gentrificación de la clase media musulmana", explicaba a este periódico hace unos días Oliver Roy, filósofo y experto en el islam.
Menos que en algunos barrios de Madrid o Barcelona por ejemplo.