El cerebro utiliza pequeños daños autoinfligidos como dosis protectora para prevenir daños mayores. Así, comportamientos de autolesión y autosabotaje, como pellizcarse la piel o incluso desaparecer de la vida de otras personas (más conocido por su traducción en inglés, ghosting), se originan en mecanismos de supervivencia evolutivos. Son las conclusiones a las que ha llegado el psicólogo clínico e investigador británico Charlie Heriot-Maitland, en su nuevo libro Controlled Explosions in Mental Health (Routledge, 2026).