Frases y fragmentos de libros
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Cita - "Gris de campaña"

Cita - "Gris de campaña"

"No me gustan los delincuentes que quebrantan las leyes -dije.

- ¿De qué otra clase puede haberlos?

-De los que hacen las leyes."

Philip Kerr, "Gris de campaña" (2010)

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Cita de Erich Fromm

Cita de Erich Fromm

"Quizás no haya ningún fenómeno que contenga tanto sentimiento destructivo como la 'indignación moral', que permita que la envidia o el odio se actúen bajo la apariencia de virtud"

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Creencias irracionales - George Lakoff

"La idea de que la gente abandonará sus creencias irracionales ante la solidez de la evidencia presentada ante ella es en sí misma una creencia irracional, no apoyada por la evidencia".

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Cita - El odio

“Cuando nuestro odio es demasiado profundo, sin duda nos coloca por debajo de aquellos a quienes odiamos”.

Francisco de La Rochefoucauld (1613-1680)

Biografía

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Cuento - "Distinguir al adversario"

Un monje tibetano, entregado a un largo, solitario y meditativo retiro, comenzó a ver una araña que cada día se hacía más grande; por último, su tamaño fue como el del hombre y su apariencia amenazadora.

En este punto, el monje pidió consejo a su maestro espiritual y recibió esta respuesta:

-La próxima vez que aparezca la araña, dibuja una X en su vientre y luego, tras reflexionar, coge un cuchillo y clávalo en medio de esa marca.

Al día siguiente, el monje vio la araña, dibujó la X y luego meditó. Pero en el preciso instante en que se disponía a clavar el cuchillo, miró hacia abajo y, con asombro, vio la marca dibujada sobre su propio ombligo.

David Cooper

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La bohemia no es otra cosa que...

«La bohemia no es otra cosa que la miseria disimulada con cierta belleza, el hambre sobrellevada con humorismo»

Antonio Espina. (1891- 1972).

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Patriotismo

Los padres de los chicos ricos solían ser más patríoticos porque tenían más que perder si el país se hundía. Los padres de los pobres eran bastante menos patríoticos, y a menudo sólo lo profesaban porque los habían educado así o era lo que se esperaba de ellos.

"La senda del perdedor" [fragmento]

Charles Bukowski

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Cita - Malos momentos

“Si estás atravesando un infierno, sigue andando”.

Winston Churchill

Fuente

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Cita de Giovanni Papini

Cita de Giovanni Papini

“Los hombres, en general, no son sino marionetas maltratadas por un titiritero”.

Giovanni Papini

Biografía



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Carcel y amigos

Para saber quiénes son tus amigos, haz que te metan en la cárcel.

Charles Bukowski

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Vil Metal

Quienes creen que el dinero lo hace todo, terminan haciendo todo por dinero.

Voltaire.

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Cita - Mentiras

Cita - Mentiras

"Una mentira puede dar la vuelta al mundo mientras la verdad aún se está poniendo los zapatos".

Atribuida a Charles Spurgeon, 1834 - 1892

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Cuento - "El rey generoso"

Un rey muy poderoso, que un día se aburría, convocó a un derviche y le pidió que le contara una historia.

- Majestad – respondió el derviche – le contaré la historia de un rey que fue el más generoso de todos los tiempos, porque si os parecéis a él seréis ciertamente el más grande de todos los reyes vivos.

Se sintió crecer una gran tensión entre los que escuchaban este intercambio de palabras, porque nadie hablaba así al rey. Era costumbre regalarle los oídos diciéndole que ya era el más grandioso rey vivo, porque por su puesto poseía las más grandes cualidades en un grado nunca igualado.

- Cuéntame esa historia – replicó el rey, visiblemente enfadado – pero ten mucho cuidado, porque si tu historia no está a la altura de tus palabras se te cortará la cabeza por haber calumniado a tu rey.

El derviche, sin dejarse intimidar lo más mínimo, contó entonces la larga historia de un rey que sacrificó su reino e incluso su propia persona para que nunca nadie pudiera sufrir por su causa.

Después de escuchar esta historia, que le había cautivado, el rey olvidó sus amenazas y declaró:

- He aquí un excelente cuento, derviche, del que sabré sacar buen provecho. Tú no puedes sacar partido de él porque no posees nada y no tienes nada para dar. Has renunciado a todo y no esperas nada más de esta vida. Pero yo, yo soy un rey, rico y poderoso, y verás que puedo mostrarme el más generoso de todos, más de lo que jamás podrías imaginar. Sígueme y mira bien lo que voy a hacer.

El rey se fue a lo alto de una colina que podía verse desde toda la ciudad y convocó allí a sus mejores arquitectos, ordenándoles construir una inmensa edificación compuesta por una gran sala central rodeada por un muro con cuarenta ventanas. Después ordenó que se trasladara una parte importante de su tesoro al interior de este edificio. Todos los medios de transporte fueron movilizados para transportar montones de piezas de oro, lo que llevó mucho tiempo.

Una vez que todo estuvo listo, el rey hizo anunciar por todo el reino que cada día él aparecería en cada ventana con el fin de distribuir sus riquezas entre los indigentes del reino.

Rápidamente la noticia se extendió, y cada día los necesitados se presentaban alrededor de las numerosas ventanas para recibir algunas monedas de oro de las manos del soberano.

Al cabo de varios días, el rey reparó en la jugada de un hombre, claramente un derviche, que cada día venía, cogía una pieza de oro y después se iba, sin siquiera dar las gracias al rey, al contrario que los demás mendigantes.

El rey se sorprendió de ver a tal hombre venir así para coger piezas de oro. Al principio, encontró buenas razones, diciéndose que era sin duda para distribuir aquellas piezas a algunos pobres, que era una forma de caridad. Pero la sospecha fue tejiendo lentamente su red, y al final de una cuarentena de días, su paciencia al límite, el rey se irritó abiertamente de este jueguecito e interpeló al derviche:

- ¡Especie de ingrato! ¿No sabes dar las gracias por lo que hago? ¿No puedes inclinarte como los otros? Vienes día tras día a recibir una pieza de oro, ¿no podrías por lo menos sonreír como signo de agradecimiento? ¿Hasta cuándo va a durar esto? ¿Es que por casualidad te aprovechas de mi generosidad para hacerte rico, o para practicar la usura? ¡Tu comportamiento no es digno de un derviche! ¡Llevas ese atuendo remendado para engañarnos mejor!

En cuanto hubo pronunciado esas palabras, el derviche sacó las cuarenta piezas de oro de su bolsa y las tiró a los pies del rey:

- ¡Recupera tu oro, rey generoso! Y sabed que la generosidad no tiene sentido sin tres condiciones.

Dar sin experimentar el sentimiento de ser generoso.

Dar sin esperar nada a cambio.

Dar sin dudar nunca de nadie.

¿Sabrás tú, jamás, ser generoso?

Cuento sufí

¿Esperamos siempre algo a cambio? 

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Cita de José Luis Sampedro

“Yo no puedo decir si hay Dios o no. Creo que no, pero no tengo seguridad. Ahora, tengo la seguridad de que el Dios que nos vende el Vaticano es falso, y lo compruebo leyendo la Biblia con la razón y no con la fe. Cuando creemos lo que no vemos, acabamos por no ver lo que tenemos delante.“

José Luis Sampedro 

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Cuento - "El anillo del equilibrio"

Existía, en un país muy lejano, un rey que no era capaz de mantener el equilibrio entre la alegría y la tristeza. Cuando algo bueno le sucedía, no cabía en sí de gozo, lo celebraba por todo lo alto y de forma incluso desmedida; pero, en cambio, cuando algo malo ocurría, se deprimía tanto que podía pasar varios días en cama.

Harto de esta situación, prometió mil monedas de oro a aquella persona capaz de fabricar un anillo que le ayudara a tolerar mejor las malas situaciones y a no celebrar de forma tan exagerada las buenas. Un anillo para encontrar el equilibrio en sus emociones.

Durante semanas fueron pasando por palacio todo tipo de personas: famosos joyeros, magos, hechiceros, artesanos… Todos ellos le trajeron centenares de anillos distintos: fundidos en oro, en plata, con piedras preciosas, de distintas formas y colores… pero ninguno de ellos era capaz de proporcionar al rey el equilibrio que necesitaba.

Cuando habían pasado ya casi dos meses y todos se habían dado por vencidos, llegó al reino un viajero que solicitó audiencia.

—¿Qué deseáis? —le preguntaron los guardias.

—Quiero ver a su majestad, pues tengo el anillo que ha estado buscando durante todo este tiempo.

Extrañados, le comunicaron la noticia al rey y este finalmente aceptó.

Aquel viajero entró en palacio ante la mirada de todos los cortesanos. Avanzó lentamente hasta el trono, y, con una voz suave, dijo:

—Majestad, tengo aquí el anillo que necesita. A mí me ha servido desde hace años para mantener el equilibrio en todo momento. Cada vez que me encontraba muy triste o muy alegre, lo observaba durante unos minutos.

Lentamente se lo quitó para dárselo al rey.

Este, nada más cogerlo, se dio cuenta de que era un simple anillo de bronce, sin ningún valor económico aparente y sin ninguna característica especial hasta que, de pronto, se quedó mirando las tres palabras que había escritas en su superficie. Las leyó, sonrió y se lo puso.

—Gracias, viajero, este es justo el anillo que necesito.

Y dirigiéndose a todos los cortesanos exclamó:

—Este hombre ha traído el anillo que tanto tiempo he estado buscando. Un simple anillo de bronce, un anillo que tiene tres palabras escritas, las mismas tres palabras que quiero que a partir de ahora se incluyan en mi escudo real: «Esto también pasará».

Adaptación de Eloy Moreno de cuento sufí.

(Dedicado a un buen usuario y mejor persona que nos lee y nos acompaña en silencio.)

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Cantares

Aquellos que quieren cantar siempre encuentran una canción

Proverbio Sueco

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La religión y Schopenhauer

"Las religiones, como las luciérnagas, necesitan la oscuridad para brillar"

Arthur Schopenhauer

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Cita de Susan Ertz

Cita de Susan Ertz

“Hay millones de personas que suspiran por la inmortalidad cuando no saben qué hacer una tarde lluviosa de domingo”.

Susan Ertz

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Beethoven

Beethoven

Usted es príncipe por azar, por nacimiento; en cuanto a mí, soy por mí mismo. Hay miles de príncipes y los habrá, pero Beethoven sólo hay uno.

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Cita - Otros sitios

"Necesito unos zapatos nuevos urgentemente, los que tengo me llevan siempre a los mismos sitios".

Karmelo C. Iribarren, Diario de K (2014)

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Cita - "Las guerras..."

“Las guerras no tienen memoria y nadie se atreve a comprenderlas hasta que ya no quedan voces para contar lo que pasó, hasta que llega el momento en que no se las reconoce y regresan, con otra cara y otro nombre, a devorar lo que dejaron atrás.”

Carlos Ruiz Zafón, “La sombra del viento” (2001)

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Cuento sobre el amor, “La leyenda de Carlomagno”

“El emperador Carlomagno se enamoró, siendo ya viejo, de una muchacha alemana. Los nobles de la corte estaban muy preocupados porque el soberano, poseído de ardor amoroso, y olvidado de la dignidad real, descuidaba los asuntos del Imperio.

Cuando la muchacha murió repentinamente, los dignatarios respiraron aliviados, pero por poco tiempo, porque el amor de Carlomagno no había muerto con ella.

El Emperador, que había hecho llevar a su aposento el cadáver embalsamado, no quería separarse de él.

El arzobispo Turpín, asustado de esta macabra pasión, sospechó un encantamiento y quiso examinar el cadáver.

Escondido debajo de la lengua muerta encontró un anillo con una piedra preciosa. No bien el anillo estuvo en manos de Turpín, Carlomagno se apresuró a dar sepultura al cadáver y volcó su amor en la persona del arzobispo.

Para escapar de la embarazosa situación, Turpín arrojó el anillo al lago de Constanza.

Carlomagno se enamoró del lago Constanza y no quiso alejarse nunca más de sus orillas.”

Italo Calvino

 

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Los seis ciegos y el elefante

Había una vez seis hindúes ciegos de saber que quisieron conocer qué era un elefante. Como no podían ver, quisieron averiguarlo a través del tacto.

El primero en indagar, llegó junto al elefante y se chocó con su duro lomo y dijo: “Es duro y liso como una pared”.

El segundo, tocó el colmillo, y gritó: “Ya veo, el elefante es tan agudo como una lanza”.

El tercer hombre tocó la trompa y dijo: “Ya sé, el elefante es como una serpiente”.

El cuarto tocó su rodilla y dijo: “Veo que el elefante es como un árbol”.

El quinto sabio se acercó a la oreja y dijo: “El elefante es como un abanico”.

Finalmente, el sexto tocó la cola del animal y dijo: “está claro que el elefante es como una soga”.

Así es como los sabios comenzaron a discutir y pelearse por ver quién estaba en lo cierto. Cada uno con su propia opinión, y todos tenían parte de razón, pero solo conocían un fragmento de la realidad.

 

Cuento atribuido a un sufí persa del siglo XIII conocido como Rumi

(Reflexionar acerca de la incapacidad de los seres humanos para comprender todos los planos de la realidad y una enseñanza acerca de la riqueza que supone tener diferentes perspectivas sobre un mismo asunto.)

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Cuento - La oveja negra

Había un pueblo donde todos eran ladrones.

A la noche cada habitante salía con la ganzúa y la linterna, e iba a desvalijar la casa de un vecino. Volvía al alba y encontraba su casa desvalijada.

Y así todos vivían en amistad y sin lastimarse, ya que uno robaba al otro, y este a otro hasta que llegaba a un último que robaba al primero. El comercio en aquel pueblo se practicaba solo bajo la forma de estafa por parte de quien vendía y por parte de quien compraba.

El gobierno era una asociación para delinquir para perjuicio de sus súbditos, y los súbditos por su parte, se ocupaban solo en engañar al gobierno. Así la vida se deslizaba sin dificultades y no había ni ricos ni pobres.

No se sabe cómo ocurrió, pero en este pueblo se encontraba un hombre honesto. Por la noche en vez de salir con la bolsa y la linterna se quedaba en su casa a fumar y leer novelas.

Venían los ladrones, veían la luz encendida y no entraban.

Esto duró poco pues hubo que hacerle entender que si él quería vivir sin hacer nada, no era una buena razón para no permitir que los demás lo hicieran. Cada noche que él pasaba en su casa, era una familia que no comía al día siguiente.

Frente a estas razones el hombre honesto no pudo oponerse. Acostumbró también a salir por las noches para volver al alba, pero insistía en no robar. Era honesto y no quedaba nada por hacer. Iba al puente y miraba correr el agua. Volvía a su casa y la encontraba desvalijada.

En menos de una semana el hombre honesto se encontró sin dinero, sin comida y con la casa vacía.

Pero hasta aquí nada malo ocurría porque era su culpa: el problema era que por esta forma de comportarse todo se desajustó. Como él se hacía robar y no robaba a nadie, siempre había alguien que volviendo a su casa, la encontraba intacta, la casa que él hubiera debido desvalijar.

El hecho es que, poco tiempo después, aquellos que no habían sido robados encontraron que eran más ricos, y no quisieron ser robados nuevamente. Por otra parte aquellos que venían a robar a la casa del hombre honesto la encontraban siempre vacía. Y así se volvían más pobres.

Mientras tanto, aquellos que se habían vuelto ricos tomaron la costumbre también ellos, de ir al puente por las noches para mirar el agua que corría bajo el puente. Esto aumentó la confusión porque hubo muchos otros que se volvieron ricos y muchos otros que se volvieron pobres.

Los ricos, mientras tanto, entendieron que ir por la noche al puente los convertía en pobres y pensaron -paguemos a los pobres para que vayan a robar por nosotros-. Se hicieron contratos, se establecieron salarios y porcentajes: naturalmente siempre había ladrones que intentaban engañarse unos a otros. Pero los ricos se volvían más ricos y los pobres más pobres.

Había ricos tan ricos, que no tuvieron necesidad de robar ni de hacer robar para continuar siendo ricos. Pero si dejaban de robar, se volvían pobres, porque los pobres les robaban. Entonces pagaron a aquellos más pobres que los pobres para defender sus posesiones de los otros pobres, y así instituyeron la policía, y constituyeron las cárceles.

De esta manera, pocos años después de la aparición del hombre honesto, no se hablaba más de robar o de ser robados, sino de ricos y pobres. Y sin embargo eran todos ladrones.

Honesto había existido uno y había muerto enseguida, de hambre.

Italo Calvino

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