A principios del siglo XX el Real Hospital Infantil de Melbourne había dado instrucciones a sus médicos de no ingresar a niñas y niños que llegasen con casos agudos de gastroenteritis porque no había ningún tratamiento disponible que les fuese a ayudar. Así que cuando llegaban, se les enviaba de vuelta a casa con una perspectiva sombría. Muchos de ellos morían a causa de esta enfermedad y los médicos no sabían qué la causaba.