Dormían desde la Edad del Hielo, ocultos en las entrañas heladas de Alaska. Hoy, al rehidratarse, vuelven a dividirse y respirar, recordándonos que el deshielo del planeta puede liberar más que agua: también los ecos biológicos de un mundo anterior al nuestro. En el norte más remoto de Alaska, donde el suelo cruje como vidrio bajo los pies y el aire parece inmóvil, los científicos han hecho algo que suena imposible: han despertado vida antigua. Microbios atrapados durante 40.000 años en el permafrost han vuelto a moverse, a alimentarse