Algunos tratamientos oncológicos provocan cardiotoxicidad. «Es un posible efecto secundario de ciertos tratamientos antitumorales que tienen una eficacia muy bien demostrada, pero que en determinados casos pueden producir una disfunción de la contractividad del corazón», avanza Alberto Bouzas, médico adjunto del Servicio de Cardiología del Chuac e investigador del Instituto de Investigación Biomédica de A Coruña (Inibic). «Y por ese motivo, los pacientes que están sometidos a estos tratamientos antitumorales son candidatos a controles.
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Lo que se lo llevo por delante fue un problema cardíaco , del cual nunca dio señales.
Cuanto mas enfocado a esas células y mas local la toxicidad, menos riesgos para envenenar otros órganos.
A mi me inyectan Lutecio 177, un radiofarmaco que se absorbe solo en los tumores, pero para evitar que haya restos de el por el resto del cuerpo, me ponen conjuntamente enzimas para saturar los órganos sensibles de contaminación y que el radiofarmaco no se deposite.