En el callejón de los centros de datos del norte de Virginia, edificios sin ventanas del tamaño de hangares de aviones alimentan la industria de la inteligencia artificial estadounidense, que está inmersa en una carrera contra China.
Sin embargo, estos centros de datos dependen cada vez más de China, el rival geopolítico de Estados Unidos, para una tecnología vital: las baterías.
Estas instalaciones pueden consumir tanta electricidad como una ciudad pequeña, y sobrecargar las redes eléctricas locales.