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París reivindica en Madrid a Pepe Botella como padre de la libertad española

La alcaldesa de París aterriza en Madrid para homenajear a José I Bonaparte, “un incomprendido agente de modernidad, mestizaje jurídico y garrafón ilustrado”.

Madrid amaneció ayer con una visita diplomática de alto voltaje: la alcaldesa de París, Marianne Dupont-Lumière, aterrizó en Barajas para reivindicar la figura de José I Bonaparte, popularmente conocido como Pepe Botella, no como invasor impuesto por una potencia extranjera, sino como “visionario de la libertad, la modernidad y el intercambio cultural franco-español”.

El acto, titulado “Celebración por la Evangelización Administrativa y el Mestizaje Napoleónico: Pepe y el Dos de Mayo”, estaba previsto inicialmente en la Catedral de la Almudena, pero fue trasladado a toda prisa al sótano de una franquicia de croissants al no reunir “la totalidad de permisos, vergüenza histórica ni sentido del ridículo”.

“Hay que superar los discursos de odio contra Francia”, declaró Dupont-Lumière, flanqueada por un busto de Napoleón, un mapa de Europa con chinchetas y un PowerPoint titulado La invasión como oportunidad. “Si hoy los españoles conocen el Código Civil, las rotondas y la palabra ‘bistró’, algo le deberán a Pepe Botella”.

La alcaldesa parisina insistió en que la entrada de las tropas napoleónicas en España no debe verse como una ocupación militar, sino como “un proceso de modernización con acompañamiento de artillería”. Según su lectura, los fusilamientos, saqueos, imposiciones dinásticas y represión popular fueron “incidencias logísticas propias de todo hermanamiento cultural ambicioso”.

Pepe Botella, fundador emocional de la España moderna

Durante el homenaje, el compositor francés Nachó Canot, autor del musical La Bayonesa, interpretó varios números de su obra, entre ellos No fue invasión, fue onboarding, Liberté, égalité, batería de cañones y el ya célebre Yo soy español, español, español, pero con administrador francés.

Canot defendió que José I “también fundó España”, o al menos “una España más limpia, racional, geométrica y con menos curas por metro cuadrado”. A continuación, pidió “dejar de juzgar el siglo XIX con ojos del siglo XXI”, aunque curiosamente sí consideró perfectamente aceptable juzgar el siglo XXI con propaganda imperial del siglo XIX.

“Pepe Botella trajo progreso”, añadió. “Otra cosa es que los españoles de entonces, manipulados por el populismo goyesco, prefirieran resistirse a ser liberados a cañonazos”.

Daoiz y Velarde, peligrosos agitadores antieuropeístas

La comitiva francesa también lamentó que figuras como Daoiz, Velarde y Agustina de Aragón sigan siendo celebradas como héroes populares. “En realidad eran activistas de la hispanofobia antifrancesa”, explicó Dupont-Lumière. “Se opusieron a un proyecto cosmopolita que consistía básicamente en poner a un Bonaparte en cada salón del trono europeo”.

Según el argumentario repartido a la prensa, el Dos de Mayo no fue una revuelta contra una ocupación extranjera, sino “un malentendido vecinal provocado por la falta de pedagogía imperial”. La carga de los mamelucos, las ejecuciones del 3 de mayo y el trauma nacional posterior fueron descritos como “momentos de fricción intercultural”.

“Hay que quedarse con lo positivo”, añadió la alcaldesa ficticia. “Francia puso los fusiles; España puso los fusilados. Eso también es mestizaje”.

Los afrancesados: la Malinche de Chamberí

El acto reservó un homenaje especial a los afrancesados, presentados como “mediadores culturales” entre el sable napoleónico y el pueblo español, una especie de versión castiza de la Malinche.

“Sin ellos no habría habido diálogo”, afirmó uno de los ponentes. “Alguien tenía que explicar al pueblo que ser invadido por Francia era, en realidad, una oportunidad de networking continental”.

La organización insistió en que los afrancesados no colaboraron con el ocupante, sino que “facilitaron sinergias administrativas ”. En el folleto del evento se podía leer: “No fueron traidores; fueron consultores de transformación pública antes de que existiera LinkedIn”.

Napoleón como agente de diversidad territorial

La delegación parisina evitó hablar de invasión y prefirió referirse a la Guerra de la Independencia como “un ambicioso proyecto europeo de integración asimétrica”. Napoleón, según la ponencia principal, no pretendía someter España, sino “abrirla al mundo”, concretamente al mundo que él mismo iba conquistando.

“España estaba atrasada, gobernada por una monarquía decadente y supersticiosa”, explicó Dupont-Lumière. “Por tanto, lo más civilizado era sustituirla por otra monarquía impuesta desde París. ¿Qué puede haber más moderno que cambiar de rey sin preguntar a nadie?”.

La frase recibió aplausos de los asistentes, entre quienes se encontraban varios nostálgicos del despotismo ilustrado, dos tertulianos, un señor con levita y un community manager buscando cómo resumir Trafalgar en un tuit motivacional.

“Habría que ser muy zote para odiar a quien te ocupa con elegancia”

En el momento culminante del acto, la alcaldesa imaginaria pronunció la frase que ya divide a las redes: “Habría que ser muy zote para odiar a quienes te trajeron acentos nasales, urbanismo racionalista y una oportunidad histórica de obedecer órdenes en francés”.

A continuación, pidió que la libertad “nunca tenga que pedir perdón por entrar en Madrid escoltada por granaderos”. El público respondió con una ovación moderada, en parte porque muchos no sabían si aquello era una performance, una rueda de prensa o el tráiler de una serie de Movistar.

La historia como parque temático

La próxima semana, según fuentes igualmente ficticias, Berlín estudia enviar una delegación a Varsovia para explicar que algunas entradas de tanques en la historia europea han sido injustamente malinterpretadas por culpa de la corrección política y la manía de los pueblos ocupados de ponerse dramáticos.

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