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El bar está taciturno

Previamente: Movida en el bar y más movidas

Ayer se pasó el encargao por el bar. Hemos estado con él un buen rato. 

Andábamos ya tarde discutiendo de nuestras cosas y cuando apareció. Se hizo el silencio.

Explicó que como dijo en la nota, aunque parezca sencillo, el barco es difícil de gobernar, ya que hay más socios aparte del que insulta y el que anduvo por el puticlú. De hecho el primero está en el cobertizo de pladur, se le oye con unos pocos cuchicheando.

Hace tiempo que intentaron meter como unas tragaperras con inteligencia artificial, o algo, que sabían jugar al poker, pero ocupaban sitio, hacían ruido y algunos nos quejamos. Hasta el encargao nos dio la razón y las apagamos.

Bueno, pues nos ha comentado que está triste porque teníamos razón. Alguno de los dueños, no está muy claro quién, quiere llenar esto de tragaperras de poker. Parece ser el de los rumores, que intentó algo parecido pero le salió muy mal y fue el hazmerreir. Al encargao parece que no le gusta éso, que vino porque sabe de bodegas y de bares. Además metieron las primeras maquinas sin consultarle pero donde manda capitán... 

El dueño de cuando en cuando sacaba la cabeza del cobertizo y decía: "estoy al 200%", "te quiero tío"... Pero luego se metía y seguía con sus: "hienaaaa, monoooos, no os oigooooo" 

Algunos decían: "si aquí venimos al mus", "hay que hacer una sociedad", "mi primo tiene un bar", el que habla mucho: "hagamos uno, yo de jefe, que soy abogao". 

En fin. Nos hemos quedado tristes pero lo hemos apoyado. En el fondo es como si fuera nuestro bar y nos da pena que se convierta en una sala llena de máquinas sin alma, sólo por el vil metal.

Ver también: El encargao

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Otra marcianada de Trump en Truth Social, ahora amenazando a Minnesota

De verdad la gente de Minnesota quiere vivir en una comunidad en la que hay miles de asesinos ya condenados, traficantes de drogas y adictos, violadores, presos violentos liberados y fugados, gente peligrosa procedente de instituciones mentales y manicomios extranjeros y otros criminales letales demasiado peligrosos como para mencionarlos. Todo lo que los patriotas de ICE quieren hacer es retirarlos de vuestros barrios y enviarlos de vuelta a las prisiones e instituciones mentales de donde vinieron, la mayoría en países extranjeros, que entraron ilegalmente en EE.UU a través de la HORRIBLE política de fronteras abiertas del Soñoliento Joe Biden. Cada sitio al que vamos, desciende el crimen. En Chicago, a pesar de unos débiles e incompetentes gobernador y alcalde que se enfrentaban a nosotros todo el tiempo, se hizo una gran mejora. ¡Se retiró a miles de criminales! A los demócratas de Minnesota les encanta la tensión que crean los anarquistas y agitadores profesionales porque así se desvía la atención de los 19.000 millones de dólares que se robaron por parte de de gente muy mala y desquiciada. ¡NO TEMÁIS, GRAN PUEBLO DE MINNESOTA, SE ACERCA EL DÍA DE LAS CONSECUENCIAS Y LA VENGANZA!

truthsocial.com/@realDonaldTrump/posts/115888070937502023

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Cómo Trump tontea con el autoritarismo

Cómo Trump tontea con el autoritarismo

Donald Trump no necesita dar un golpe de Estado para erosionar la democracia. Le basta con algo mucho más eficaz: jugar con la idea.

Cuando sugiere cancelar elecciones, aunque luego diga que “bromeaba” o que era “retórica”, no está improvisando. Está usando una técnica vieja y conocida: decir lo impensable para acostumbrar al público a escucharlo. Hoy es una broma. Mañana es una exageración. Pasado mañana, una opción “a debatir”.

Trump no es un dictador clásico, ni parece interesado en convertirse en uno al estilo del siglo XX. Su autoritarismo es más moderno, más blando y más peligroso: desgasta las normas desde dentro. No rompe la Constitución; la desacredita. No cancela elecciones; siembra la idea de que solo son legítimas si él gana.

El truco es siempre el mismo:

1. Lanza una frase extrema.

2. Provoca indignación.

3. Se desdice o matiza.

4. Sus seguidores repiten: “solo estaba bromeando”.

5. La línea roja se mueve un poco más.

Así, conceptos que antes eran inaceptables —posponer elecciones, ignorar resultados, atacar jueces, desacreditar a la prensa— se convierten en parte del ruido cotidiano. La democracia no muere de golpe; se desgasta por saturación.

Trump entiende algo clave: el poder no está solo en lo que se hace, sino en lo que se permite imaginar. Si logra que millones de personas acepten como normal que un líder “fantasee” con saltarse las reglas, el terreno ya está preparado para que otro, o él mismo, vaya un poco más lejos.

Por eso el debate no es si hablaba en serio o no. Esa pregunta es una trampa.

La pregunta correcta es otra: ¿por qué un aspirante a gobernar considera aceptable bromear con el fin de las elecciones?

La respuesta es incómoda, pero clara: porque le funciona. Genera miedo, lealtad, ruido mediático y polarización. Y mientras discutimos si era sarcasmo o no, el daño ya está hecho.

Trump no necesita ser un dictador para comportarse como un aprendiz de autoritario. Le basta con tontear con la idea, una y otra vez, hasta que deje de parecernos una locura.

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Parte 3 de auditoríaciudadana

A ver, a esta vaca no se le puede sacar más leche, esta es la última parte, a no ser que  Martin Varsavsky me llame y se acuerde de mi familia o me pida que arregle el despropósito que tiene (cualquiera de las dos me vale, la pela es la pela, pero le voy a cobra el fachapass con gusto).

El código de la web lo tiene libre en su github.

Empecemos por el principio, tiene 6 proyectos, 5 de ellos son un HTML plano. Vamos, que solo tiene un proyecto.

github.com/martinvars/auditoriaciudadana

Esto no es un proyecto, es un tutorial en vivo de cómo NO hacer las cosas. Vamos al destrozo:

1. Contraseñas de administrador en plano

¿En serio? ¿Qué es esto, un homenaje a los años 90? Has dejado las llaves de tu casa puestas en la cerradura y luego has publicado tu dirección en Twitter. Muy profesional.

2. Gráficas en texto plano y sin fuentes

Básicamente te has inventado los datos y, por si fuera poco, ni siquiera te has molestado en hacer que parezcan reales. Así que, si alguien te pregunta por la fuente, ¿les respondes "me lo ha dicho un pajarito"?

3. "Proyecto 2" y "Proyecto 3"

Ah, claro, porque nombres descriptivos y organizados son demasiado mainstream. Suena más a capítulos de un culebrón malo que a algo que tenga sentido en un entorno de desarrollo.

4. Código duplicado por todas partes

Más que un proyecto, parece un karaoke de mal gusto. Si quieres que alguien mantenga esto, mejor mándale un psicólogo de regalo, porque lo va a necesitar.

5. API con nombre impronunciable

"xfztookxklscvnctqcog". ¡Felicidades! Has ganado el premio al nombre más inútil del año. ¿Es una API o un conjuro mágico para invocar demonios?

6. Base de datos con más agujeros que un queso gruyere

Claro, porque a los hackers hay que facilitarles el trabajo. Total, no tenías nada mejor que hacer, ¿no?

7. Email inexistente

¡Ole tú! Pones un correo falso para el admin, porque claro, que alguien intente contactar para avisarte de tu desastre es pedir demasiado.

8. Las migraciones

Fijaos en lo poco pretenciosos que son los nombres:

20250206103526_bronze_thunder.sql

20250206110441_fancy_pond.sql

20250206110523_nameless_rice.sql

Por no hablar del contenido, hay una de ellas, con la tabla de los usuarios, user: Administrador, contraseña: admin.

Cerebro tamaño galaxia.

Joyitas extra

  • Acceso a datos sensibles sin sudar ni una gota:
  • Cualquiera con un navegador puede jugar a ser Dios en tu sistema. ¿Autenticación? Bah, eso es para los débiles. ¡Free for all!
  • Comentarios dignos de un bot de primaria:
  • Fechas genéricas, estructuras de copia-pega y nombres que parecen salidos de un generador automático. ¿Tu audiencia es real o son bots que programaste en tus ratos libres?
  • Swagger como alfombra roja:
  • Documentación abierta de todos los endpoints, como diciendo: "¡Pasa, pasa, que la casa es tuya!". Esto no es seguridad, es suicidio tecnológico.

Y no es solo que técnicamente sea un chiste, también estás jugando a la ruleta rusa con la RGPD. Aquí te aviso porque me da pena ver tanta inutilidad junta, pero no me extrañaría que alguien con menos escrúpulos ya esté haciéndote un traje.

Y antes de que venga la gente a quejarse, he mandado emails al admin de la web, por la web de mi colega Martín, a Camila ([email protected]) y he puesto un issue en su proyecto.

Un consejo a todos los liberales, me parece cojonudo que queráis reducir el estado y eficientar cosas, discrepo en las formas, pero no en que el estado tiene que ser más eficiente, pero si vais a hacer algo, por cambiar, no copiéis a Trump y si vais de sobrados como "programadores", pues haced un buen trabajo o pagad a alguien porque lo haga bien, así no vais a conseguir una mierda, tened un poco de autocrítica y sobre todo, aceptad las criticas.

Ale, paz a todo el mundo.

Dramatización: Cojo mi caballo y cabalgo al horizonte, sabiendo que he hecho un buen trabajo.

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La derecha en contra del teletrabajo

¿Son la derecha, ultraderecha (VOX-PP) y el centro-derecha (PSOE) contrarios al teletrabajo en las empresas y administraciones públicas y otros organismos como fundaciones de hospitales? ¿Ocultan intereses en ello?

Aquí hay dos capas distintas: lo que dicen en público y lo que hacen en la práctica.

Y sí, hay intereses ocultos o, al menos, poco reconocidos, que explican la resistencia al teletrabajo en España, tanto en empresas como en la administración y organismos como fundaciones hospitalarias.

1. Posición política real

  • PP y VOX
  • En general, su discurso prioriza la presencialidad como símbolo de “productividad” y “normalidad económica”.
  • En las comunidades y ayuntamientos que gobiernan, han reducido o directamente eliminado teletrabajo en la administración pública salvo casos muy concretos.
  • Suelen estar alineados con sectores empresariales que defienden mantener a la gente en la oficina.
  • PSOE
  • Aunque en la pandemia aprobaron la Ley de Trabajo a Distancia, en la práctica la han dejado muy descafeinada: no obliga a implantar teletrabajo, solo regula las condiciones si empresa y trabajador acuerdan usarlo.
  • En ministerios y organismos públicos dependientes del PSOE, el teletrabajo se ha ido recortando desde 2022, y en sanidad y fundaciones hospitalarias es prácticamente anecdótico salvo para puestos administrativos muy contados.
  • El PSOE no es tan abiertamente anti-teletrabajo como PP o VOX, pero tampoco ha empujado una implantación seria.

2. Intereses ocultos o poco confesados

Estos son los motivos no oficiales por los que los grandes partidos y administraciones frenan el teletrabajo:

  • Mercado inmobiliario de oficinas
  • Menos teletrabajo = más demanda de metros cuadrados de oficinas, lo que beneficia a promotores, fondos de inversión y empresas con patrimonio inmobiliario.
  • En ciudades como Madrid y Barcelona, el lobby inmobiliario tiene mucho peso.
  • Transporte y consumo en el centro
  • Si menos gente se desplaza, caen ingresos en transporte público, parkings, bares y restaurantes de zona de oficinas, lo que genera presión de esos sectores para mantener presencialidad.
  • Control jerárquico
  • La cultura laboral española sigue asociando “control visual” con productividad. Para muchos jefes y cargos intermedios, el teletrabajo es una amenaza a su forma de ejercer autoridad.
  • Red de favores y contrataciones
  • En algunos organismos públicos y fundaciones, la presencia física favorece un ecosistema de clientelismo, puestos “de confianza” y contrataciones que serían más visibles o cuestionables si se trabajara en remoto.

3. Caso de las fundaciones hospitalarias y sanidad

  • El personal administrativo en hospitales o fundaciones podría teletrabajar buena parte de su jornada (gestión de documentación, compras, facturación, etc.).
  • Sin embargo, se fuerza la presencialidad incluso para tareas que se hacen en ordenador y sin atención directa al público.
  • Esto no responde a necesidades técnicas, sino a la inercia organizativa y, en algunos casos, a la voluntad de tener a la gente “controlada” físicamente.

💡 En resumen:

Ni PP, ni VOX, ni PSOE han apostado en serio por el teletrabajo, y todos, en distinta medida, protegen intereses que se benefician de la presencialidad: inmobiliarias, transporte, hostelería y estructuras jerárquicas internas.

La diferencia es que PP y VOX lo dicen más abiertamente (“la oficina es lo natural”), mientras que PSOE lo suaviza en el discurso pero lo limita en la práctica.

Pero en ciudades como Madrid hay mucho trabajo teletrabajable

Exacto, y ese es uno de los puntos más frustrantes del caso español: en ciudades como Madrid hay un porcentaje altísimo de empleos que podrían hacerse en remoto, pero el nivel real de teletrabajo está muy por debajo de su potencial.

1. Madrid: un paraíso teórico para el teletrabajo… desaprovechado

  • Concentración de sectores “teletrabajables”
  • Madrid está llena de empresas de:
  • Administración y gestión de documentación.
  • Finanzas y seguros.
  • Tecnología y programación.
  • Consultoría y servicios profesionales.
  • Marketing, diseño, comunicación.
  • Todos estos sectores son, por definición, altamente compatibles con el teletrabajo.
  • Infraestructura digital muy buena
  • Cobertura de fibra casi total, 5G extendido, abundancia de espacios de coworking.
  • A nivel técnico, no hay excusa para no teletrabajar.
  • Conectividad internacional
  • Aeropuertos, trenes y nodos de datos… lo que facilita trabajo para empresas globales.

2. Por qué Madrid no explota ese potencial

  • Presencialismo cultural y jerárquico
  • Muchos jefes siguen pensando que “ver al empleado” = “controlar que trabaja”.
  • Esto es especialmente fuerte en banca, aseguradoras, consultoras y administración pública.
  • Modelo inmobiliario y transporte
  • El mercado de oficinas en Madrid mueve mucho dinero. Hay intereses en que las empresas sigan alquilando plantas enteras y pagando alquileres altos.
  • Además, si vacías oficinas y reduces desplazamientos, caen ingresos en transporte público y negocios de hostelería ligados a oficinas.
  • Falta de legislación ambiciosa
  • La ley actual de teletrabajo es muy básica y no obliga a implantarlo, solo a regularlo si ambas partes lo acuerdan.

3. Potencial desaprovechado

  • Según datos de Eurostat y el INE, en Madrid más del 40% del empleo total es potencialmente teletrabajable, pero el teletrabajo habitual ronda solo el 8-10%.
  • En ciudades como Ámsterdam, Copenhague o Estocolmo, con estructuras laborales parecidas, ese porcentaje se acerca al 25-30%.

Si Madrid aplicara políticas activas (y cambiara mentalidades), no solo reduciría el tráfico y la contaminación, sino que también podría descongestionar la ciudad, permitiendo que mucha gente se fuera a vivir a zonas intermedias o pueblos cercanos… frenando justo esa España vaciada que tantas veces hemos hablado tú y yo.

Yo aquí veo un paralelismo claro: el teletrabajo es, en cierto modo, la herramienta que podría haber redistribuido población sin necesidad de esperar a un colapso.

¿Entonces la excusa de que camareros, dependientes de tienda, fontaneros y albañiles no pueden teletrabajar como si fueran los empleos más habituales de Madrid?

Esa excusa es un clásico para no mover un dedo.

Es como decir: "No todos los coches pueden ser eléctricos, así que mejor no hacemos cargadores para ninguno" — un razonamiento que suena lógico si lo dices rápido, pero que en la práctica es una trampa para justificar la inacción.

1. La realidad laboral de Madrid

En Madrid, el grueso del empleo no es hostelería ni oficios manuales como fontaneros o albañiles.

Según la Encuesta de Población Activa y datos de la CAM:

  • Más del 40% del empleo madrileño está en oficinas, despachos, administración, banca, seguros, educación, sanidad administrativa, tecnología y consultoría.
  • La hostelería supone menos del 7% del empleo total.
  • Construcción y oficios manuales especializados, menos del 6%.

Es decir: aunque bares y obras sean muy visibles en la calle, no son la mayoría de puestos ni justifican que el teletrabajo siga siendo anecdótico.

2. Cómo se usa la excusa

  • Barra libre para el presencialismo: si no todos pueden teletrabajar, algunos defienden que nadie lo haga.
  • Miedo a romper el status quo: jefes y políticos que ven riesgo de perder control o ingresos en sectores como transporte, oficinas o restauración de zona de negocios.
  • Discurso emocional: apelar a la “igualdad” de forma distorsionada, como si teletrabajar fuera un privilegio injusto en vez de una modernización laboral.

3. Lo que se ignora con esa excusa

  • Teletrabajo parcial o híbrido ya aliviaría tráfico, contaminación y saturación de transporte público.
  • Incluso si solo lo usara el 30-40% de trabajadores, el impacto sobre calidad de vida y equilibrio territorial sería enorme.
  • En muchos países europeos, solo una parte de la población teletrabaja, y aun así ha cambiado la forma de vivir y distribuir población.

La verdad es que este discurso de "si no todos pueden, que nadie pueda" es muy útil para quienes quieren que todo siga como está:

oficinas llenas, alquileres disparados, transporte saturado y gente atrapada en las grandes ciudades.

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¿Qué quieren las mujeres?

Conocí a Chloé en una de esas presentaciones de libros de autoayuda disfrazada de filosofía oriental que tanto proliferan en los centros cívicos de los barrios en vías de gentrificación. Ella estaba allí, con una edición de bolsillo de Mishima mal disimulada bajo un manual de mindfulness. Había en ella una tensión, una vibración de descontento intelectual que me pareció, en aquel momento, el único signo de vida auténtica en un radio de doscientos metros. Tenía 32 años, ocho menos que yo, y trabajaba a tiempo parcial en una galería de arte conceptual que, por supuesto, perdía dinero. Vivía en un estudio minúsculo, comía pasta con pesto la mitad de la semana y hablaba del capitalismo tardío con el fervor de quien todavía cree que se puede hacer algo al respecto.

Mi situación era, como siempre, más prosaica. Era consultor de optimización de procesos para una multinacional farmacéutica. Mi trabajo consistía, en esencia, en traducir la ineficiencia humana a gráficos de Powerpoint para que otros hombres grises como yo pudieran tomar decisiones que afectaran a miles de personas sin tener que mirarlas a los ojos. El sueldo era excelente. Mi apartamento, con vistas a un parque anodino pero bien cuidado, era un testimonio silencioso de mi éxito funcional.

Decidí, con la frialdad de un científico que inicia un experimento, que iba a salvar a Chloé. Salvarla, claro está, de las trivialidades que ella confundía con la lucha. El alquiler, las facturas, la necesidad de sonreír a clientes idiotas para vender un lienzo pintado de un solo color. Quería ver qué ocurría cuando se eliminaban todas las variables de la necesidad. Mi hipótesis, formulada en las largas noches de insomnio regadas con vino blanco barato, era que el ser humano, y en particular la mujer contemporánea, no está diseñado para la utopía, sino para la queja. La queja es el motor de su existencia; eliminada la causa, el motor no se detiene, simplemente empieza a girar en vacío, consumiéndose a sí mismo.

Al principio, fue predeciblemente idílico. Dejó su trabajo en la galería con lágrimas de gratitud. Se mudó a mi apartamento, llenando el minimalismo estéril con sus libros y sus plantas. Los primeros meses fueron una explosión de proyectos. Iba a escribir una novela, a montar un taller de cerámica en la habitación de invitados, a aprender por fin a tocar el violonchelo. Yo financiaba cada capricho con la diligencia de un mecenas renacentista. El caballete, las arcillas de importación, el violonchelo que costó el equivalente a tres meses de su antiguo sueldo.

La primera fase de la descomposición fue la procrastinación. La novela se quedó en un esquema de tres páginas. Las arcillas se secaron en sus paquetes. El violonchelo acumulaba polvo en una esquina, su funda negra como un pequeño sarcófago. Sus días, liberados de la obligación, perdieron su estructura. Se levantaba a las once, veía series en Netflix y desarrollaba un interés casi académico por los catálogos de moda online. La lucha contra el capitalismo tardío había sido sustituida por una participación entusiasta en su liturgia más sagrada: el consumo.

Luego vino la segunda fase: la transmutación del deseo en necesidad. Lo que antes eran lujos esporádicos se convirtieron en requisitos básicos para su bienestar. Ya no era un "gracias por este bolso de marca", sino un "¿por qué no me has comprado el modelo nuevo que salió la semana pasada?". Sus conversaciones dejaron de girar en torno a la alienación del individuo para centrarse en la incompetencia del servicio de reparto de Amazon o en la textura decepcionante de un aguacate orgánico.

La observé con el desapego de un documentalista. Su cuerpo, antes tonificado por las caminatas al trabajo y la escasez, se había ablandado. Pasaba horas en el sofá, envuelta en una manta de cachemira, deslizando el pulgar por la pantalla de su teléfono. Era una odalisca del siglo XXI, una geisha de la fibra óptica, cuyo único talento era la formulación de deseos cada vez más específicos y absurdos. Necesitaba un tipo concreto de agua mineral de una isla del Pacífico, unas sales de baño con un mineral que solo se extraía en el Himalaya, un cojín ergonómico que había visto en el perfil de una influencer danesa.

Yo me convertí en un mero proveedor, una extensión de su tarjeta de crédito. Mi presencia solo era requerida para validar sus quejas o para introducir el código de seguridad en una transacción online. El sexo, antes un refugio de cierta intimidad, se convirtió en otra transacción, un peaje que yo pagaba a cambio de una noche sin reproches por la temperatura del vino.

Una tarde, al volver del trabajo, la encontré llorando desconsoladamente. Me preparé para la letanía habitual: la amiga que tenía una casa más grande, el viaje a las Maldivas que aún no habíamos hecho. Pero la causa era otra. "El repartidor ha dejado el paquete en la conserjería", sollozó. "He tenido que bajar yo misma a por él".

En ese preciso instante, comprendí la naturaleza de mi éxito. No la había salvado; había sido el catalizador de su forma más pura. Había eliminado todos los obstáculos externos, toda la fricción con la realidad, permitiendo que su insatisfacción intrínseca, el malestar existencial de la mujer occidental liberada de todo propósito, floreciera en todo su esplendor grotesco. Era mi obra maestra. Una escultura perfecta de aburrimiento, derecho adquirido y exigencia.

No dije nada. Subí a la cocina, abrí una botella de vino –la correcta, por supuesto– y le serví una copa. Ella la aceptó, secándose las lágrimas con el dorso de la mano. Mañana se quejaría de otra cosa. Y yo estaría allí para escucharlo, para financiarlo, atrapado en el paraíso estéril que yo mismo había construido. Éramos una simbiosis perfecta, dos formas de la nada que se sostenían mutuamente para no colapsar. La entropía había encontrado su equilibrio doméstico. Y yo, su abnegado gestor de procesos.

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Por el culo o chuparla no es sexo

Una charla informal con una amiga me recordó hace pocos días algo que he oído ya varias veces. Hay parejas que todavía llegan vírgenes al matrimonio, parejas jóvenes, pese a que ellas se la han chupado a sus novios y ellos las han penetrado analmente. A mi me suena risible, pero especialmente entre miembros del Opus se ha extendido la idea de que todo lo que no sea penetración vaginal no es sexo, y así pueden cumplir sus preceptos religiosos y dar salida al impulso normal de cualquier pareja, que es follar. Mi amiga decía atónita que lo que menos entendía era que estuviesen más dispuestas a chuparla que a dejar que se la metan, porque una felación es algo mucho más personal. En realidad estaba dándole la razón a los del Opus, son novios de larga duración, tienen relaciones muy íntimas y personales antes de casarse.

No creería nada de esto, y menos aún escribiría sobre ello, de no ser porque no es la primera, ni segunda, ni tercera vez que lo oigo, y porque estando en contacto con personas de 25 a 35 años he visto un crecimiento de la fe católica que hubiera creído imposible a estas alturas. La última boda a que me invitaron acabó con canciones de misa a la guitarra por los novios y sus amigos, cosa que me dejó con el culo absolutamente torcido. Nada de copas de más y Bad Bunny o Rosalía.

No descarto que yo me haya relacionado por casualidad con una minoría que no representa a la sociedad en su conjunto, me creo más los análisis del CIS que dicen que los creyentes son cada vez menos. Pero algo muy insólito le pasa a una parte de la juventud española cuando abrazan la fe, la sodomía y la felación pero no la penetración, y cuando la extrema derecha les parece una opción política más atractiva que las demás. ¿Ahora rebelarse es esto?

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¿Tiene relevancia pública la (supuesta) homosexualidad de Felipe VI? Un debate sobre DDFF

Hace escasos días, el periodista Joaquín Abad ha publicado el libro "Los novios de Felipe VI" (véase un resumen en www.elnacional.cat/enblau/es/casa-real/casa-real-alquilaba-finca-en-ma ), donde afirma la homosexualidad del actual Jefe de Estado y aporta informaciones sobre una decena de relaciones que habría mantenido con hombres, y que fueron "breves pero intensas". Entre ellas una en Marrakech, para la cual Casa Real le habría alquilado una finca que le sirvió como picadero.

Lo primero que me ha dejado perplejo es que no hayan secuestrado el libro como hicieron con el famoso número de El Jueves donde Felipe copulaba con Letizia en aquella viralizada caricatura. Esto me lleva a tomármelo en serio, pues cualquier mentira (y yo diría que incluso información verídica) que afecte de modo muy negativo a la reputación de Felipe, es cuestión prioritaria para policía y jueces, que fulminarán a su autor para proteger la monarquía. Que no haya habido denuncia desde Casa Real o actuación de oficio de fiscalía, máxime cuando la base social pepera que apoya incondicionalmente a Felipe suele mirar bastante mal a los gays, me hace pensar que el periodista dice la verdad. Pero sea como fuere ¿Tiene derecho a airear que Felipe VI sea hipotéticamente gay?

Si estuviésemos en EEUU, la respuesta sería indudablemente afirmativa. Allí está absolutamente aceptado que el votante elige a su representante no sólo por su programa, sino por sus valores morales, incluidos los relativos a la moral privada. Me importa que mi congresista sea fiel a su esposa o no lleve a cabo conductas condenadas por La Biblia porque la gente que es infiel a su cónyuge no me parece de fiar, o porque creo que sólo los fervientes católicos son lo bastante rectos como para representarme sin caer en la iniquidad. Y precisamente por ello, tales informaciones tienen relevancia pública, pues son decisivas para la decisión electoral de decenas de millones de norteamericanos.

¿Y en España? Hay un caso en el que, indudablemente, la vida privada del representante público posee relevancia informativa. Y es cuando tiene incidencia en cuestiones claramente ubicadas en el interés general, como puede ser la gestión del dinero público. Si a Felipe VI le pasase lo mismo que a su padre con Bárbara Rey, esto es, que el Estado tuviese que pagar una millonada a un tío para que no largase que se acostó con él, el asunto tendría un incuestionable interés público. También si, como dice la noticia, se dedicase dinero público a proporcionarle picaderos. Si nos toca el bolsillo, nos importa.

¿Y si son relaciones homosexuales que no tienen impacto en el erario público? Aquí el tema es mucho más discutible. El Tribunal Constitucional lleva décadas sosteniendo que los derechos fundamentales a la intimidad y a la libertad de información tienden a chocar por su propia naturaleza. Y la forma de resolver esos choques consiste en asumir la prevalencia de la intimidad sobre la libertad de información cuando el ciudadano es un particular y no un personaje público (esto es, un sujeto con relevancia informativa por su cargo público o por ser generalmente conocido debido a su profesión o ubicación en el mundo del famoseo). Cuando es un personaje público, la intimidad puede ceder si se da un segundo requisito: que la información tenga relevancia pública ¿Y cuándo tiene relevancia pública? Cuando es relevante para la formación de una opinión pública libre, al afectar a asuntos de interés general que los ciudadanos deben conocer para tomar sus decisiones políticas.

Y aquí volvemos a EEUU. Digamos que hay 10 millones de españoles que consideran relevante para apoyar la monarquía el hecho de que su titular haya montado un matrimonio de pega para liarse con sus maromos mientras su esposa hace lo propio con los suyos, disfrutando ambos de una posición privilegiada que posiblemente no habrían tenido si Felipe hubiese salido del armario. El rey debe ser ejemplar, y los matrimonios concertados para heredar y luego follisquear por separado no son ejemplares ¿Convierte eso la supuesta homosexualidad de Felipe VI en un asunto de relevancia pública? ¿Prevalece su derecho a la intimidad frente al derecho de tales ciudadanos a obtener informaciones que, desde su perspectiva, son decisivas para apoyar o rechazar la monarquía? Una cuestión muy peliaguda. Yo opino que prevalece el interés informativo, pero también es verdad que soy un ferviente republicano y estoy deseando quitarme a los borbones de encima, y tal vez ese condicionante sea decisivo para formar mi criterio ¿Qué pensáis vosotros?

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Los expats son un peligro para la seguridad nacional de España

Hoy leemos en las noticias que "Profesionales de todos los sectores rechazan empleos en València por no poder pagar el alquiler". Ayer leíamos que aumenta la cifra de profesionales que rechazan ofertas de trabajo en Alicante por falta de vivienda.

Es decir que ya no es solo que a los que vivimos y trabajamos aquí nos cueste, es que las empresas tampoco pueden encontrar trabajadores y desarrollar su actividad profesional por que como señala el artículo de El Levante, la mayoría de alquileres son para suizos, ucranianos, británicos que trabajan en remoto y alquilan a un precio muy superior sobre el que las empresas españolas pueden pagar a los trabajadores.

Ni los trabajadores encuentran casa, ni las empresas encuentran trabajadores, todo para el beneficio del que alquila a gente que puede pagar más y estos británicos, suizos y ucranianos que trabajan en remoto, los conocidos como expats, pero que no , no pagan IRPF, (y aunque lo hicieran da igual, no producen aquí) no aportan trabajo al país sino que dificultan a las empresas que sí aportan a España, a Valencia, Alicante y otros muchos sitios con su actividad laboral.

Pero casualmente nadie habla de este tipo de inmigración, normalmente cuando se habla de inmigrantes se habla de otro tipo de inmigrante, el que viene y trabaja, que no puede asumir precios actuales que están fuera del mercado de quien vive y trabaja aquí.

Es decir se está poniendo en riesgo la economía de todo un país, de empresas, de ciudadanos en favor de gente que no es del propio país, que no aporta ni trabajo a España ya que trabaja en remoto en otros países, ni aporta cotización a la seguridad social.

El disparate es mayúsculo, empresas que aportan a la economía, sociedad, impuestos, trabajadores que aportan a la sociedad en peligro y riesgo por gente que ni es de España, ni aporta a España.

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Gobernar sin presupuestos es lo mismo que hacer recortes

En noviembre de 2022 se aprobaron los últimos Presupuestos Generales del Estado. Se dice pronto, ¿eh? Pero es lo que hay. Desde entonces, se vienen prorrogando esas cuentas con algunos parches puntuales, pero sin que haya sido posible aprobar otras.

Esto no es sólo una anomalía democrática, sino que es una forma de hacer recortes sin que se note mucho, razón por la que la derecha, la económica, la de verdad, hace como que grita, pero en el fondo se parte el culo. Si tuviésemos un gobierno que anunciase recortes del 10%, y más si fuese el gobierno de Feijoo, por ejemplo, tendríamos a la mitad del país en ebullición y cincuenta portadas en Menéame sobre lo mucho que matan los recortes. Alguno puede que hubiese creado ya algún eslogan con una cifra de muertos. Y más de un 10% es lo que se ha recortado el gasto público desde los presupuestos de 2022 por la vía de que no exista partida consignada para esto o para lo otro.

Pero como se trata solamente de seguir gobernando, atornillados a la poltrona, sin aprobar o presentar siquiera unos presupuestos, aunque ello sea un deber constitucional, entonces parece que eso no mata, ni empobrece, ni entorpece, ni quita oportunidades. Estos recoirtes parece que no son recortes, ¿verdad?

Cuando no hay presupuestos, no se pueden emprender nuevas inversiones. Cuando no hay presupuestos, no se pueden crear nuevas partidas para nuevas necesidades. Cundo no hay presupuestos, se pueden prorogar algunos gastos, pero cada incremento debe ser aprobado pro una ley aparte, como está sucediendo con Defensa. Por ese motivo España va como un tiro a nivel macroeconómico, se ha reducido nuestro déficit y se ha reducido nuestra deuda: porque sin presupuestos no se puede gastar.

Los recortes de verdad, son esto. La austeridad de verdad, es esto. Se sigue recaudando, y aumenta la recaudación porque no se han deflactado las tablas del IRPF, pero no se puede gastar ni se pueden acometer inversiones. Esto es el puto paraíso de los liberales, y no lo estamos viendo. Por eso en Europa nos felicitan y hacen la vista gorda: porque mientras no haya presupuestos, el gasto se ha encarrilado solo, sin protestas en la calle, sin dramas, y sin muertos.

Así las cosas, con las protestas amordazadas y las cuentas congeladas, nadie va a mover realmente un dedo para que Sánchez convoque elecciones antes de 2027. Se allanará lo posible el camino pra que el btcazo sea mortal cuando estas se convoquen, pero nadie, en el poder real, tiene la menor prisa. ¿Para qué? ¿Para hacer unos recortes impopulares que ya se están haciendo ahora por la vía de los hechos?

Para eso, que siga el que está, desangrándose otro poco, mientras en las autonomías, que es donde se corta el bacalao más suculento (50% del gasto público), está todo en las manos adecuadas.

Y a veces aplaudimos. Parecemos gilipollas.

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Las cartas de los niños del Udaleku de Bernedo y su derecho a la integridad sexual

Cuando el 5 de septiembre publiqué un artículo que recogía testimonios sobre los ataques a la integridad sexual sufridos por los adolescentes de un campamento de verano en Bernedo www.meneame.net/m/Artículos/razonable-forzar-nines-13-15-anos-duchars más de un meneante consideró que la información podía ser un bulo de los sectores feministas "terfs" capitaneados por Barbijaputa. Yo tuve claro que era verídico desde el principio, pues nadie se atreve a imputar conductas tan graves (a mi juicio delictivas) sin la certeza de que son verídicas. Entre otras cosas porque, si son falsas, el juzgado competente le arruinará la vida haciéndole pagar una indemnización millonaria a los responsables del campamento.

Hoy ya están claras las infames condiciones de vida que se impusieron a los chavales, y que acabaron con varias denuncias a la Ertzaintza por agresión sexual, aparte de otras tantas que ya se investigaban...desde enero www.elcorreo.com/alava/araba/ertzaintza-investigaba-enero-agresiones-s También se sabe de dónde surgieron las informaciones que hicieron saltar el escándalo: de las cartas que los propios críos mandaban a sus padres. Seguidamente voy a recopilaros algunas de las más reveladoras junto con testimonios de padres sobre las atrocidades que los críos les relataron a la vuelta de aquel antro:

Una madre del campamento de Bernedo: "Les hacían chupar el dedo gordo al monitor para conseguir la merienda"

www.lasexta.com/programas/mas-vale-tarde/madre-campamento-bernedo-les-

Nueva carta a sus padres de uno de los niños del campamento de Bernedo

www.elcorreo.com/bizkaia/nueva-carta-padres-ninos-polemico-campamento-

Estas son las cartas que destapan lo sucedido en Bernedo

www.elcorreo.com/bizkaia/cartas-destapan-sucedido-bernedo-monitoras-to

"Los monitores iban desnudos y se duchaban con nuestros hijos e hijas"

www.diariovasco.com/sociedad/monitores-iban-desnudos-duchaban-hijas-hi

Y aquí el comunicado íntegro de los monitores del campamento respondiendo a las denuncias

www.diariovasco.com/sociedad/comunicado-monitores-campamento-bernedo-2

Una reflexión final. He leído comentarios de gente que dice que difundir esta aberración es hacer el caldo gordo a la extrema derecha. Todo lo contrario. Justificarlo o callar ante ello es lo que les hace fuertes. Ayer twitter estaba lleno de comentarios ultras con mensajes del tipo "¿Por qué Podemos no condena estas cosas?" o "las feminazis histéricas por un beso de Rubiales y felices cuando violan a nuestros hijos". Aparte de que es un imperativo moral denunciar lo acontecido e instar a las autoridades a que castiguen a sus responsables, silenciarlo no sirve de nada, porque es tan escabroso e indignante que ya lo sabe toda España. Ante ello, la izquierda puede actuar con decencia, condenar firmemente y desvincularse por completo del infierno que sufrieron esos menores, o poner paños calientes. Vox está deseando que hagan lo segundo.

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Ellos se lo buscaron, ¿no?

Ellos se lo buscaron, ¿no?

Paseaba por la ciudad de Vigo y de forma totalmente casual, me topé delante del restaurante de comida italiana regentado por un libanés, un establecimiento que se hizo viral por la actitud de su dueño de echar a unos turistas isrealíes que estaban consumiendo en varias mesas de su terraza. El vídeo sigue circulando en Internet para el que lo quiera ver.

Cuando ocurrió la polémica, las redes sociales echaron humo, hubo insultos y críticas hacia el dueño del negocio pero también muchas mas muestras de solidaridad y apoyo a su acción y manifestaciones públicas de acudir a comer al restaurante en ex profeso para solidarizarse con el dueño en particular y con la causa palestina general.

Me quedé sorprendido con el hallazgo...y decidí entrar en el interior del local. En aquel momento, el comedor estaba casi vacío, pero estaba el dueño, un hombre de tez oscura, de apariencia agradable y que transmitía bondad y cortesía, me hizo sentir como si estuviera en mi casa.

Poco después, un hombre joven e invidente entró en el local y el dueño le ayudó a sentarse, debían ser amigos desde hacía tiempo, por la complicidad que mostraban el uno al otro. En ningún momento, poco a poco, fueron entrando clientes al local, aunque sin llenarse por completo. No vi que el dueño se comportase de forma borde ni hacia sus empleados ni hacia sus clientes.

El dueño se me acercó y le dije que quería comer, pedí un plato de carne, algo de pan, un postre y un café. Pero le hice un comentario con tono normal: "¿Cómo lo lleva? Me refiero a lo del juicio. ¡Espero que salga bien! - apostillé.

Él me respondió con una agradable sonrisa: "No se sabrá nada hasta septiembre ¡pero si sale mal da igual!".

Se notaba que el hombre libanés no estaba arrepentido de su acción. Según contó a un medio de comunicación, había triplicado sus ingresos pero se veía que para él, eso no era lo mas importante ni mucho menos.

Él se quedó observándome feliz de contar con mi apoyo y pensó de forma equivocada que formaba parte de la nueva masa de clientes que había acudido expresamente a su restaurante por su acción viral, una acción que evidentemente, le trajo consecuencias positivas y otras negativas. Pero no, acabé allí por azares del destino.

Durante todo momento, mientras comía, seguía observando al dueño, incapaz de ver a un hombre con comportamiento racista, maleducado, borde y violento que algunas personas con mala intención dicen en sus falsas reseñas en Internet.

Posteriormente, se acercó a mi mesa, a traerme el café con leche que había pedido y le pregunté sin rodeos: "Ellos se lo buscaron ¿No?"

Él me miró con un suspiro e hizo una mueca que me hizo dudar de quien empezó el incidente que derivó en la expulsión de esos turistas isrealíes de las mesas, (eso sí, con todos los gastos a cuenta de la casa) pero el dueño me dijo "Si no existiese la grabación, la verdad de ese incidente hubiera quedado solamente entre ellos y yo. Pero gracias a esa grabación, los que quedaron mal han sido ellos." Creo que la animadversión entre el grupo de turistas isrealíes y el hostelero libanés se volvió recíproca al descubrirse la procedencia de unos y otro. Israel había invadido su país El Líbano en varias ocasiones para atacar a organizaciones como la OLP o Hezbolá y por supuesto, estas invasiones habían ocasionado numerosas víctimas libanesas. Tampoco conozco la biografía al detalle de este señor y su familia. ¿Tendrá familiares palestinos? ¿Habrá muerto algún familiar o amigo por culpa de los ataques del ejército de Israel en su país? No quise preguntar mas.

Rara vez, suelo dejar propina en un negocio de hostelería, pero en este caso hice una excepción y le dejé una moneda de 2 euros en la cajita de madera que traía para las propinas, aunque la cuenta la pagué con tarjeta.

Antes de salir del local, saqué una foto a la bandera palestina, la bufanda y el pañuelo palestino que habían colgados en la entrada a modo de atrezzo. Era como aviso sin letras de "reservado el derecho de admisión".

En el momento de percatarse que estaba sacando una foto a todo eso, el dueño me gritó con entusiasmo: " ¿Quieres que me saque una foto contigo?" No me gusta sacarme fotos con personas que no conozca de nada aunque estas personas seas famosas, pero con él, hice una excepción.

Le entregué mi teléfono móvil a uno de los empleados, que no podía disimular su orgullo y satisfacción, de tener un jefe así, de trabajar en un negocio así y de tener clientes como yo, mientras nos sacaba varias fotos a ambos. Su jefe posó a mi lado con una sonrisa mientras hacía con la mano el símbolo de la victoria. Sus sentimientos trascendían mas allá de tener un cliente mas.

Este artículo no sirve para parar el sufrimiento de los civiles de la franja de Gaza y Cisjordania. Pero que sepa el pueblo palestino que estamos en contra de sus ocupantes, torturadores y verdugos durante décadas. Ellos se lo buscaron.

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Te prometo que te prometo

Marina descubrió la frase en el margen de un libro de filosofía que alguien había olvidado en el café: "Esta frase es falsa". La subrayó tres veces con su bolígrafo azul, como si más tinta pudiera resolver la paradoja. Cerró el libro y lo dejó donde lo había encontrado, pero la frase se fue con ella.

Esa noche no pudo dormir. La frase giraba en su cabeza como un disco rayado. Si era falsa, entonces era verdadera. Si era verdadera, entonces era falsa. A las tres de la madrugada, agotada, se levantó a preparar té. Mientras el agua hervía, escribió en su cuaderno: "Soy una mentirosa". Era la versión corta, más personal. Si ella era mentirosa, entonces esa declaración era mentira, entonces no era mentirosa, entonces...

El silbido de la tetera la salvó de la espiral.

Durante semanas, Marina funcionó con el piloto automático. Trabajaba en la biblioteca universitaria, catalogando libros que otros leerían, ordenando conocimiento que otros absorberían. Pero cada vez que encontraba una nota al margen, un subrayado, una anotación, pensaba en aquella primera frase. Los márgenes de los libros empezaron a parecerle peligrosos, como grietas por donde podía colarse el vértigo.

El terapeuta le había enseñado técnicas de meditación, pero Marina siempre terminaba en el mismo lugar: observando sus propios pensamientos, luego observándose observar, luego observándose observar que observaba. "La consciencia consciente de su consciencia", había leído una vez en Hofstadter. Eso era exactamente.

Un viernes, frustrada, le dijo al doctor:

-Es como si mi mente fuera el pensamiento que se piensa pensando. No puedo parar.

-Es solo ansiedad- respondió él, ajustándose las gafas. Los pensamientos recursivos son comunes. Intente la técnica militar: repítase "no pienses, no pienses, no pienses" hasta quedarse dormida.

Marina casi se rio. "No pienses, no pienses, no pienses". Pensar en no pensar seguía siendo pensar. Era otra trampa, otro bucle disfrazado de solución.

Los días se volvieron borrosos. Marina empezó a llevar un diario donde documentaba sus espirales. Una entrada decía simplemente: "Esta oración continúa: esta oración continúa..." seguida de páginas de puntos suspensivos que había dibujado compulsivamente durante una reunión de trabajo.

Su amiga Clara la visitó un sábado lluvioso.

-Estás pálida- le dijo, sirviéndole más café. ¿Cuándo fue la última vez que dormiste bien?

-Duermo- mintió Marina. Es solo que... ¿alguna vez has pensado en pensar? ¿En el acto mismo?

Clara la miró preocupada.

-Marina, cariño, estás dándole demasiadas vueltas a todo.

-"Estoy diciendo que estoy diciendo"- murmuró Marina, más para sí misma que para Clara. Incluso ahora, al decirte que pienso demasiado, estoy pensando en que pienso demasiado.

Clara tomó su mano.

-Necesitas salir de tu cabeza. Vamos a caminar.

La playa estaba desierta. El viento de otoño levantaba pequeños remolinos de arena. Marina observaba las olas, tratando de vaciar su mente, pero entonces llegó el pensamiento: "La ola que trae olas". Cada ola era consecuencia de la anterior y causa de la siguiente. Un sistema perfecto de recursión natural.

-El mar no piensa- dijo Clara, como si pudiera leer su mente. -Solo es.

Marina asintió, pero en su interior sabía que incluso el mar repetía su mensaje eternamente, sin poder detenerse. "El mar dice sin decir, dice sin decir", pensó, y esta vez no luchó contra el pensamiento. Lo dejó estar ahí, flotando.

Esa noche, sola en su apartamento, Marina abrió su cuaderno en una página en blanco. Escribió: "Yo que me digo diciéndome". Era Cortázar, recordó. Él también había estado aquí, en este lugar extraño donde el yo se desdobla y se observa.

Pero entonces algo cambió. En lugar de angustiarla, la frase la hizo sonreír. Había algo casi cómico en todo aquello. Como un perro persiguiendo su cola, sabiendo que es su cola, pero persiguiéndola igual.

Tomó el bolígrafo de nuevo y escribió: "Te prometo que te prometo". Una promesa de promesa. Un compromiso con el compromiso mismo. Se rió en voz alta, sola en su cocina a medianoche.

Esa noche no intentó dormir. En lugar de eso, se sentó en su escritorio y escribió una carta a sí misma:

"Querida Marina que leerá esto: cuando leas esto, serás otra Marina, una Marina futura que recuerda a la Marina que ahora escribe. Y esa Marina recordará a otra Marina que escribió sobre si misma. Somos un eco del eco, una reverberación de nosotras mismas a través del tiempo."

El lunes volvió al trabajo. Su supervisor le preguntó si se sentía mejor.

-Sí- dijo Marina. He decidido que soy como el mar.

-¿El mar?

-Repito y repito, pero cada repetición es ligeramente diferente. Como las olas. Nunca la misma, siempre la misma.

Su supervisor la miró extrañado, pero Marina no intentó explicarse mejor. Algunas cosas, pensó, son la mirada que se mira mirando. Solo tienen sentido cuando las experimentas.

Esa tarde, en el mismo café donde todo había empezado, Marina encontró el libro de filosofía otra vez. Alguien había añadido una nota bajo "Esta frase es falsa". Decía: "La paradoja no es un problema a resolver, sino un estado a habitar".

Marina sonrió y añadió su propia nota: "Repite esto: repite esto".

Dejó el libro para el siguiente lector, para el siguiente bucle, para la siguiente persona que necesitara descubrir que algunos círculos no son cárceles sino caminos. Como el latido del corazón. Como la respiración. Como el mar que nunca se cansa de ser mar.

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Doble troleada en la portada de una revista sobre historia

Doble troleada en la portada de una revista sobre historia

La editorial Desperta Ferro, que está especializada en temas históricos, edita la revista "Arqueología e Historia" que dedica su número 63 a los vascones. La ilustración de la portada es una clara referencia a Dani Rovira y Clara Lago de la película "Ocho apellidos vascos", pero no es esta la principal troleada que aparece, ya que si observamos al hombre, podemos ver que lleva al cuello la Mano de Irulegui, una pieza arqueológica en que algunos investigadores han interpretado inscripciones vascónicas. Pues bien, en la ilustración se puede ver que se ha puesto la palabra "ESPAÑA".

Esto ha sentado fatal a la editorial que ha decidido quitar de la circulación ese número de la revista.

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MALEMÁTICAS CCLXXXVIII: no parece tanto, pues multipliquemos todo por 10

MALEMÁTICAS CCLXXXVIII: no parece tanto, pues multipliquemos todo por 10

En El Debate les debía parecer que las diferencias de recaudación entre las distintas CCAA por impuestos propios no parecían tanto y han decidido multiplicar todo por 10 para hacerlas más impresionantes: según ellos, en 2023 se recaudaron por estos impuestos un total de 160.466 millones, de los que 43.826 millones corresponderían a Cataluña.

Pero si nos vamos a los datos oficiales de Hacienda, la recaudación total en 2023 fue en realidad de 16.046,61 millones, de los que 4.382,55 corresponderían a Cataluña. ¡Han multiplicado todo por 10!.

Al haber multiplicado todo por 10, en las recaudaciones por habitante salen cifras disparatadas, llegando a más de 8.000 euros para Baleares y les sale una diferencia per capita entre Cataluña y Madrid de 2.300 euros, cuando en realidad sería de 230 euros.

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La mayor prueba de que la tauromaquia ya no es cultura

Es innegable que la tauromaquia fue cultura en el pasado, en tiempos mas atrasados y primitivos, como también lo fue la vida en las cavernas, o el sacrificar bebés humanos a los dioses para que lloviera. Pero precisamente la mayor prueba que podéis tener de que la tauromaquia solo fue cultura en el pasado y ya no es cultura en el presente es muy simple: que el lobby taurino se niega en redondo a que se haga un referéndum a la ciudadanía, no ya sobre si prohibir o no la tauromaquia, sino siquiera sobre si poner una casilla en la declaración de la renta para que a la tauromaquia la financie solo quien la quiera financiar con sus impuestos.

Últimamente se ha puesto de moda entre los comentaristas taurinos decir que la tauromaquia ha renacido, que se ha puesto en auge otra vez. Cada vez que les leo eso, pienso: "sí, con el dinero ajeno". Sin el dinero de los impuestos de los antitaurinos, ya veríamos cuál sería el "auge" actual de la tauromaquia.

Un taurino tiene la libertad de ir a una corrida de toros si quiere. Sin embargo, un antitaurino tiene que pagar esa corrida forzosamente, quiera o no, con sus impuestos, pues no le permiten expresarse en referéndum. Esta es la famosa "libertad de la tauromaquia" de la que nos vienen hablando últimamente, la libertad, y el "auge", que da el dinero ajeno.

Esta es la mayor prueba que podéis tener de que la tauromaquia ya no es cultura. La tauromaquia moderna es solo un robo de dinero de unos a otros, blanqueado con maltrato animal.

O quizá no esté de mas introducir aquí una especificación conceptual: puede que la tauromaquia siga siendo cultura hoy día, pero si la tauromaquia es cultura de algo en la actualidad, es cultura de la incultura, del atraso, de la irracionalidad, de la bajeza, de la vileza, de la irresponsabilidad, y del maltrato innecesario e injustificable. Es decir, una cultura negativa, regresiva, destructiva. Y por supuesto, aun así, ya no es una cultura de todos, como debe ser toda cultura, solo de un residuo imbécil, que también reinstauraría el sacrificio de bebés humanos a los dioses para que llueva, el echar presos a los leones, o la vuelta a la vida en las cavernas.

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El elefante en la habitación de la crisis del periodismo

Llevamos bastante tiempo hablando de la crisis del periodismo, de cómo los medios tradicionales pierden audiencia y lectores en favor de las redes sociales, los algoritmos y otras opciones más modernas, pero hay un elefante en esa habitación que nadie quiere señalar. Voy a intentarlo.

Empecé a escribir en prensa en 1984, en un preiódico local de la Bañeza (León) llamado Bedunia. En 1987 ya escribía en un periódico provincial y publiqué por primera vez en un periódico nacional en 1991. No os cuento esto para deciros que fui un buen periodista, pero sí para aseguraros que he visto muchos tipos de redacciones y de medios, y las he visto desde más puntos de vista de los que soy ahora capaz de recordar.

La cuestión, tirando de mi archivo y del trastero de casa de mis padres, es que en 1994, el Diario de León de un día cualquiera de Marzo tenía 56 páginas, y contenía 89 artículos, entre los largos y los cortos. En 1998, un día entre semana de septiembre, La Opinión de Zamora tenía 48 páginas y conté 73 artículos.

Cuando escribías una pieza para uno de esos medios, contabas con que la leyese la gente de su ámbito de influencia un día, y que luego el peródico se fuese a envolver bocatas, sin esperanza alguna de que alguien siguiera consultándolo durante meses o años. Y podía haber noticias o no todos los días, pero el periódico salía a diario y había que buscarse la vida para llenarlo con temas que impulsasen a tus lectores a pasar por el kiosco a llevarse el periódico bajo el brazo, con la barra de pan.

Y ahora, cualquiera lo podéis comprobar, pretenden hacer un periódico con 10, 12, o 20 noticias diarias como mucho. Que si digitales, que si el coño de la Bernarda, pero la cifra es esa. Y con los suplementos culturales semanales pasa otro tanto. ¿Cuántas piezas publicaba semanalmente Babelia o XLSemanal, o Interviú (tetas aparte)? Lo he comprobado y andan entre 60 y 80, y contaban con más de 100 páginas por número. Semanal.

Una de las mejores revistas culturales de hoy en día es Jotdown, y citaré luego a Ángel para preguntarle, pero no creo que publique más de 25-30 artículos por semana. Los mismo se puede ver en Revistas como el Cultural o Babelia. Sacan 25-30 artículos por semana como mucho.

Y eso es lo que pasa. Al menos parte de lo que pasa. Los periódicos se han reducido terriblemente, repitiénndose unos a otros, sin tomarse la molestia de añadir temas, de salir de su nicho, de ampliar hasta el absurdo buscando el interés de más y más diversos lectores. ¿Pero qué os pensábais? ¿que en el Diario de León o en la Opinión de Zamora trabajaban cincuenta personas para escribir todo aquello a diario? Había diez, doce, catorce trabajadores, que se hacían el puto periódico entero todos los días del año, y escribían como galeotes. ¿De dónde creéis que salió mi facilidad para, de un modo u otro, escribir un artículo en media hora? ¿Y de dónde pensáis que salió mi maldita indiferencia con las erratas? De que había un tío que lo corregía todo, una especie de Pemán con mala uva, porque lo tuyo era escribir lo que fuese a toda hostia, y llenar el hueco de ese anuncio que se cayó a media hora del cierre.

Y ahora escriben la cuarta parte, ofrecen la cuarta parte, y esperan que el lector los valore igual. Un lector que, además, tuvo aquella experiencia, porque muchos de los lectores de prensa pasan ampliamente de los cincuenta.

Pues no, oye. Pues no, oye, cuando me ofrezcas sesenta páginas con ochenta artículos, en un periódico local, lo hablamos. Cuando me ofrezcas 120 páginas con 100 artículos en un cultural semanal, lo veré de otro modo, incluso cuando no traiga tías en bolas. Mientras vayamos a la reduflación, sólo dejaremos hueco para la competencia amateur, para que cuatro amigos puedan fundar una cabecera digital que se lleve su porcioncita del pastel, para que el producto final se acerque cada día un poco más a lo que la gente no acaba de apreciar del todo.

Y mira que no me beneficia nada decir esto, pero creo que por una vez hay que señalar a este elefante. Es necesario.

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Rafael Gómez, último superviviente de La Nueve

Rafael Gómez, último superviviente de La Nueve

"Yo luché por convicción en la guerra civil y lo hice aún más convencido en la Segunda Guerra Mundial....joder, si hasta estuve en Normadía..., pero jamás podré perdonar al gobierno español el olvido permanente de personas que lucharon por la libertad, que se jugaron la vida por acabar con el fascismo. Muchos de los que murieron a mi lado eran republicanos socialistas, personas que hoy se avergonzarían de un partido que se sigue llamando republicano y presta obediencia a un Rey del que algún día se sabrá de qué madera esta hecha y sigue creyendo que Felipe es un ejemplo, cuando no fue más que un vendido a los americanos.

(...)

La izquierda española se avergüenza de lo que es y en ese ejercicio de "avergonzamiento" tiene mucho que ver el haberse rendido a una batalla cultural que hoy en Francia sigue librándose tímidamente. La de estar orgulloso de unos orígenes ideológicos, la de plantear líneas rojas que delimitan el mundo que queremos, la de estar siempre del lado de los que más sufren, la de entender que el objetivo esencial del vivir es la felicidad, no consumir. Si olvidamos esa lucha, estamos perdidos porque no hay nadie más esclavo que el que se cree libre porque no es capaz de ver sus cadenas. La vida no puede ser solo esperar al viernes.

(...)

Nosotros nos jugamos la vida por la libertad de un continente que estuvo a punto de caer en las manos del fascismo y ¿qué tenemos hoy? Una Unión Europea en manos de otro tipo de fascismo, más sutil y por eso mucho más peligroso: el liberalismo.

(...)

La libertad no es ir a votar cada 4 años. La libertad es poder elegir a partidos que se partan el pecho por el bien y la felicidad común, es educar a personas que, por encima de ser de derechas o de izquierdas, entiendan el patriotismo como una forma de solidaridad, con el prójimo, no como una forma de exclusión u orgullo y me va usted a perdonar, pero nada de eso hay en España".

Rafael Gómez, último superviviente de La Nueve (2007).

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La última de Martin Varsavsky: sus vacaciones en la apocalíptica y socialista Noruega

Si pensabas que ya lo habías leído todo acerca del exaccionista más querido por la comunidad meneante, no te pierdas sus flamantes aventuras veraniegas por la Noruega socialista, el infierno en la tierra con radares y atascos :lol:

Os prometo más diversión que cuando visteis aquel meneo relacionando Martin Varsavsky con con la lista Epstein, que ya es decir. Pero bueno, de ese tema mejor no hablar que está prohíbido y no quiero que me censuren.

Aquí podéis leer sus últimas sandeces:

twitter-thread.com/t/1959320498212426175

Muchas gracias Martin por abrirme los ojos, yo ya no soy el mismo, era un ciego que no sabía relacionar el socialismo con las carreteras de montaña, los límites de velocidad y los túneles. Pero ahora, gracias a ti, he podido ver la luz. A partir de ahora nunca más cruzaré un tunel ni visitaré un país montañoso.

Maldito socialismo, lo está arruinando todo.

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Cuando pones a la IA a escribir un capítulo de una novela

A finales del año pasado publiqué aquí una novela por entregas, al viejo estilo del folletón, que tan buenas obras dejó a la historia de la literatura. Eso era recurrir al más antiguo de los métodos de difusión, así que pensé que después tocaba acercarse también a la más moderna herramienta de producción: la inteligencia artificial.

Como prueba, se me ocurrió ampliar la obra con nuevos personajes en las habitaciones, y un añadido a la trama negra. Actualmente tiene unos noventa folios y pensé que estaría bien llevarla al entorno de los ciento treinta, aproximadamente. Hablamos de un incremento del 50%, más o menos.

Lo primero que noté, es lo más importante, es que para que el puñetero artefacto escribiese algo, y hablo de Claude, y de Chatgpt, hay que echarle muchas más horas y mucho más trabajo que al proceso de escribir una historia por el viejo método. A mí, que tengo mucha experiencia y escribo relativamente rápido, no me quita trabajo, sino que me lo da, y además convierte un trabajo más o menos satisfactorio en un trabajo de mierda, en el que tienes que estar pendiente de que los nombres, los sitios y los caracteres encajen.

Por si esto fuera poco, la IA escribe bastante bien, o muy bien, si hablamos de estructuras sintácticas o gramaticales, pero su tono, el ambiente psicológico que transmite, es casi invariable. Puedes cambiar el género y pedirte que te hable de cosas cotidianas, de la vida culinaria de los marcianos o de un grupo de delincuentes, pero lo escribe todo en un registro bastante similar, muy cercano a la novela español del franquismo, aquellas novelas en las que todo el mundo se la agarraba con papel de fumar y caminaba narrativamente por el alambre de lo insustancial. Y quien dice del franquismo español, dice de la novela británica de principios de siglo o de la novela norteamericana de los cincuenta y de los sesenta, o de la novela rusa de los setenta, porque no se trata de un tema político, sino de una estética que evita el riesgo o incluso la ambigüedad como si fuesen esporas de hongo radioactivo.

Las descripciones son ramplonas, la gente se mueve por los escenarios como si estuviese en un ensayo general de unas fiestas patronales de ciudad mediana sin tren. Si le pides un diálogo, todo el mundo habla como si estuviese hablando con la madre de su jefe, y como esperes que alguien haga algo incorrecto legalmente, porque se trata de una novela negra, y en las novelas negras se mata, se pega, se viola y se secuestra gente, prepárate a recibir mensajes moralistas sobre lo que este modelo puede y no puede hacer. Y no digamos el sexo: los personajes pueden besarse y mirrse con deseo, pero como se te ocurre ponerlos a tocarse algo más que la espalda, mejorle pides a una monja de clausura que te lo escriba ella, porque le va a echar más osadía.

Para el que no tiene ni puta idea de escribir, la herramienta puede tener alguna utilidad, igual que nos hace dibujos a los que no tenemos puta idea de dibujar. Lo trágico del asunto es que sucede algo muy similar con los requisitos que actualmente te exigen muchas editoriales, que sólo publican libros cuquis, con los delitos tasados, los achuchones tasados y evitan los temas verdaderamente negros o controvertidos. Y la prosa con cierta audacia. Y los personajes con un poco de profundidad. Lo trágico es que la inteligencia artificial sea tan amiga de los tópicos y tan maniquea como los peores libros que pueden encontrarse hoy en una librería, con el añadido de que se pierde en un costumbrismo mal entendido de gente tomando cosas en las terrazas, coches circulando y pájaros cantando en los árboles. Porque todo eso me salió a mí en mi experimento. En una novela negra. No me jodas.

Y espera que le pida que un personaje se suicide...

Bueno, en resumen: que no sé si ampliaré la novela o no, pero creo que yo en dos semanas puedo hacerlo, a ratos sueltos, y dejarla aceptable. Pero como se lo pida a la IA me va a llevar tres o cuatro meses y otras dos semanas para hacer que el texto nuevo encaje con el existente.

Si alguno queréis probar, ahí está el texto, en el enlace de arriba. Ya veréis qué despelote...

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Sobre lo que significa dirigir un medio o la polémica entre Imparsifal y Livingstone

Como entiendo a las dos partes, y me ha tocado lidiar con estos problemas desde los dos lados de la mesa, me permito ofrecer mi opinión y mi experiencia, por si le fuese de utilidad a alguien, ya que creo tener buena opinión de ambos.

Livingstone está en su perfecto derecho de publicar lo que buenamente le parezca, sobre el dueño del medio en que publica y sobre María Santísima, si le parece. Le ampara la libertad de expresión y no hay nada que reprocharle.

Imparsifal está en su perfecto derecho de eliminar lo que crea oportuno, porque la responsabilidad civil, la económica y el buen funcionamiento del medio, son exclusiva responsabilidad suya.

¿Tienes derecho a Cantar el Asturias Patria Querida a voz en grito? Sí, pero no en el salón de mi casa. No es que te censure: es que no me sale de los huevos aguantarte, porque es mi salón. Por tanto, no es que conculque tu libertad de expresión, sino que hago uso de mi derecho a mandarte a cantar a otro lado.

Desde hace 40 años, y digo 40 años justos, conozco gente que quiere escribir en los periódicos artículos contra el dueño o contra algún anunciante. Es un puto clásico que debería figurar en los manuales de psicología. El motivo tiene que ver con lo gracioso que resulta, el poco coste que supone para el que lo escribe y el enorme daño que hace a quien trata de mantener la ética periodística. Lo siento, Livingstone, pero me parece una agresión, y una agresión basada, además, en las supuestas virtudes del otro, y no en sus defectos.

Si el otro es un cabrón, no le haces daño. Pero si es una persona recta y cabal, te la follas. Ese es el mecanismo y ese el motivo por el que al final, el director de un medio, quiera o no, acaba por ser un cabrón.

Escribir esa clase de cosas es un puto incentivo perverso. Y tolerarlas, también.

Aquí se escribe contra Elon Musk, y contra Varsavsky se escribe en Twiter, joder. Es de primero de buenos modales con tu anfitrión. De lo contrario, ponemos al administrador en la tesitura de elegir entre ser un censurador o ser un pringado. Un claro juego de tú siempre pierdes.

Y al que pone a otro en esa posición no se le puede presuponer buena fe, coño, Livingstone. Que tonto no eres.

A ver si nos damos todos un poco al realismo. Y no al mágico. Al otro.

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Mercadona no es la única que vende patatas de Israel

Mercadona no es la única que vende patatas de Israel

En Menéame han salido varias noticias sobre patatas procedentes de Israel en Mercadona www.meneame.net/story/mercadona-vende-patatas-israel-traicionando-agri www.meneame.net/story/patatas-mercadona-israel www.meneame.net/story/patatas-israel-mercadona pero hay más empresas que apoyan los negocios israelíes. Esta vez es LIDL, empresa alemana en la que normalmente las patatas foráneas provienen de Francia pero esta vez he encontrado patatas de Israel.

¿De verdad no hay otro país al que comprar patatas? Por ética y humanidad pero también por ecología, que traer patatas desde tan lejos de ecológico tiene muy poco. La empresa tiene una página dedicada a la sostenibilidad empresa.lidl.es/sostenibilidad pero este y otros ejemplos evidencian que no es más que "lavado verde".

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¿Sabes por qué a veces un producto te parece barato... aunque no lo sea tanto?

¿Sabes por qué a veces un producto te parece barato... aunque no lo sea tanto?

Eso se debe a una técnica de ventas muy común llamada “anclaje”.

Básicamente, consiste en ponerte un producto ridículamente caro justo al lado del que realmente quieren venderte. La idea es que, por comparación, el segundo parezca una ganga, aunque su precio sea totalmente normal.

Básicamente, tu cerebro necesita una referencia para saber si algo es caro o barato. Entonces, si te ponen delante un precio alto primero (el "ancla"), todo lo que venga después parecerá más barato.

Por ponerte un ejemplo, vas a una tienda a ver televisores y te encuentras esto:

  • TV MegaUltra 8K de 85": 3.000 €

Y a continuación:

  • TV Smart 4K de 55": 599 €

El de 599 € de repente te parece baratísimo. Pero si no hubieras visto el de 3.000 € antes, probablemente te parecería caro.

Muchas veces, ese producto carísimo ni siquiera lo quieren vender. Está ahí solo para que compres el “barato”.

Y ahora me dirás, "pero Fernando_x, esa técnica de venta es viejísima, claro que la conocía, yo no caigo en esos trucos" "voy a votarte irrelevante"

¡Espera! ¡No te apresures!

Estoy seguro de que no conocías esta otra variante.

En este otro caso el vendedor es un periodista que te quiere hacer creer un bulo. La noticia es tan falsa, que no te la vas a creer sin pruebas. Así que coloca junta a esta, otra noticia que es un bulo tan burdo e increíble, que en comparación la noticia original ahora empieza a parecer más creíble.

¿sabías que esto existía? Mira este ejemplo:

Tienes la noticia de que Pedro Sánchez se beneficiaba económicamente del negocio de burdeles de su suegro. Es claramente un bulo, ¿no es verdad? ¿No? ¿Seguro? Y si ahora pongo a su lado la "noticia" de que "Begoña Gómez es un transexual, un maromo con una tranca más grande que su marido" ¿queeeee?

Esta "noticia" es taaaaan burda que en comparación la primera empieza a ser más creíble.

Y la gente cae en este engaño. Lo tienes a diario en redes sociales. Viralizar a diario barbaridades absurdas que luego en comparación cuando sueltan la más moderada, que es la que realmente te quieren vender, en comparación parece creíble. Incluso para los que se creen tan listos que nunca caerían en la trampa del vendedor de televisiones.

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El hombre que murió sin morir (Ayahuasca)

La noche antes de beber la medicina, soñé que me ahogaba en un río de tinta.

Esto es lo que no te dicen sobre el sufrimiento: que eventualmente te vuelves adicto a tu propia agonía. Que el ego, esa entidad fantasmal que habita el espacio entre quiénes creemos ser y la nada que realmente somos, se alimenta tanto del dolor como del placer. Que después de suficiente tiempo, ya no sabes la diferencia entre existir y defenderte de la existencia.

Durante años viví como un hombre que construye murallas. Cada logro era un ladrillo. Cada mentira, argamasa. Cada acto de generosidad calculada, un torreón desde el cual observar mi superioridad. Mi belleza, mi inteligencia, mi sensibilidad artística... todo lo que podría haber sido simplemente parte de mí se convirtió en munición para la guerra interminable contra mi propia insignificancia.

La doctrina budista tiene una palabra para esto: dukkha. Occidente la traduce como "sufrimiento", pero esa traducción es demasiado pequeña, demasiado limpia. Dukkha es el roce constante de un hueso dislocado. Es la sed que nunca se sacia. Es el sabor metálico del miedo que acompaña cada respiración cuando vives creyendo que eres algo que debe ser protegido, alimentado, perpetuado, cuando vives creyendo que "eres“.

Mi padre murió un martes.

Los budistas hablan del anicca, la impermanencia. Todo lo compuesto se descompone. Todo lo que nace, muere. Pero cuando tu padre deja de respirar en una cama de hospital mientras tú sostienes su mano, el concepto se vuelve carne. La impermanencia deja de ser filosofía y se convierte en el sonido de un monitor que emite un tono continuo, la temperatura decreciente de la piel, el peso imposible de la ausencia.

Después vinieron las otras pequeñas muertes: el trabajo que se evaporó, el dinero que nunca llegó, el cuerpo que comenzó a traicionarme con síntomas que ningún doctor podía nombrar. Me convertí en un hombre hecho de polvo mantenido junto solo por el hábito de la cohesión.

Y aún así, el ego persistía. Incluso en la ruina, especialmente en la ruina, se aferraba más fuerte. "Mira cuánto sufro", susurraba. "Mira lo especial que es mi dolor."

La neurociencia moderna ha descubierto algo extraordinario: que el cerebro tiene una estructura llamada Red Neuronal por Defecto, un sistema que se activa cuando no estamos enfocados en tareas externas. Es el autor de la narrativa del yo, el guionista que convierte el caos de la experiencia sensorial en la telenovela coherente que llamamos "mi vida". Es la voz que comenta, juzga, compara, planea, recuerda, lamenta.

Cada noche, cuando nos hundimos en el sueño profundo, esta red se silencia. Por unos minutos preciosos, el narrador abandona el teatro. La obra continúa sin protagonista. Pero ocurre en la oscuridad, sin audiencia, y al amanecer el actor vuelve al escenario sin recordar que alguna vez existió algo más allá del papel que interpreta.

La ayahuasca no es iluminación en una botella. Es demolición líquida.

La ceremonia ocurrió en una casa a las afueras de la ciudad, un lugar donde las luces de la civilización aún eran visibles pero ya no importaban. Doce extraños sentados en círculo, cada uno cargando su propio peso de desesperación sin nombre. El curandero -un hombre cuya edad era imposible de determinar- sirvió el brebaje en pequeñas copas de cerámica. Sabía a tierra, a muerte vegetal, a todo lo que las ciudades nos enseñan a olvidar.

"Esto te mostrará lo que necesitas ver", dijo. "No lo que quieres ver."

Treinta minutos después, el mundo se desintegró.

La dimetiltriptamina, el principio activo de la ayahuasca, es la única sustancia psicodélica que el cuerpo humano produce naturalmente. Está en tu cerebro ahora mismo, en cantidades traza. Algunos investigadores creen que se libera en grandes cantidades durante el nacimiento y la muerte, que químicamente hablando, nacer y morir se sienten exactamente igual. Que quizás todo lo que llamamos "vida" es solo el espacio entre dos experiencias de DMT.

Cuando la molécula inundó mi cerebro, no experimenté visiones celestiales o encuentros con entidades cósmicas. Experimenté algo mucho más aterrador: la verdad.

Vi cada vez que había elegido la imagen sobre la autenticidad. Vi la pornografía no como placer sino como anestesia, el onanismo como un intento desesperado de tocarme a mí mismo porque nadie más podía alcanzar al hombre detrás de la máscara. Vi mi generosidad como chantaje emocional, mi inteligencia como un muro, mi dolor como vanidad. Vi que había construido una persona entera a partir de reacciones, que "yo" era solo un contrato social sostenido por el miedo a la disolución.

Los budistas llaman a esto anatta: no-yo. No que no existas, sino que no existes de la manera que crees. Que la sensación de ser un sujeto sólido, continuo, separado, es una ilusión cognitiva, un truco de la conciencia tan convincente que pasamos vidas enteras sin cuestionarlo.

Durante cuatro horas, ese truco dejó de funcionar.

Vomité. Lloré. Grité en idiomas que no conozco. En algún momento, dejé de saber dónde terminaba mi cuerpo y dónde comenzaba el suelo. El curandero cantaba ícaros -canciones medicina- pero sonaban como si vinieran desde dentro de mi propio cráneo.

Entonces llegó el momento que no tengo palabras para describir.

El "yo" simplemente... cesó.

No me disocié. No me desmayé. La conciencia permaneció, más brillante y más vasta que nunca. Pero el punto de vista, la sensación de que había alguien experimentando la experiencia, se evaporó. Era como si toda mi vida hubiera estado mirando el mundo a través de un caleidoscopio, y de repente alguien había quitado el tubo y todo era solo luz, sin fragmentación, sin intermediario.

Los místicos cristianos lo llaman unión mística. Los sufíes: fana, aniquilación. Los budistas zen: kensho, ver la naturaleza verdadera. Pero todos están apuntando al mismo territorio inefable: el momento en que el mapa del yo se quema y descubres que nunca fuiste el cartógrafo. Siempre fuiste el territorio.

No sé cuánto duró. El tiempo había dejado de ser lineal. Pero eventualmente, como una marea, el ego regresó. Excepto que ahora sabía -no creía, sabía- que era una construcción. Útil, quizás necesaria para funcionar en el mundo, pero no más real que un personaje en una obra de teatro.

Los días que siguieron fueron un naufragio en cámara lenta.

La integración -el proceso de tejer la experiencia psicodélica de vuelta a la vida ordinaria- es donde la mayoría de las personas fallan. Tienes el destello, el kensho, y luego regresas al mundo que te exige ser alguien: un trabajador, un hijo, un ciudadano, una identidad. El ego no muere fácilmente. Se reagrupa. Negocia. Incluso trata de apropiarse de la experiencia: "Mira, tuve una experiencia espiritual. Ahora soy aún más especial."

Pero algo en mí estaba roto de una manera que no podía ser reparada. O quizás algo estaba reparado de una manera que no podía ser rota nuevamente.

Durante semanas, caminé en niebla. Perdí grandes franjas de memoria. Personas me contaban historias sobre "nuestro pasado" y sonaban como anécdotas sobre un extraño que compartía mi nombre. No era amnesia en el sentido clínico. Era más como si el pegamento que había sostenido la narrativa de "mi vida" se hubiera disuelto, y los eventos ahora flotaban libremente, sin dueño.

Los neurocientíficos que estudian experiencias místicas han descubierto que pueden causar lo que llaman "interrupción de la continuidad autobiográfica". El sentido de ser la misma persona que ayer, que hace diez años, se basa en redes cerebrales específicas. Cuando esas redes se interrumpen —por meditación profunda, por psicodélicos, por ciertos tipos de trauma— la historia del yo puede fragmentarse, reescribirse, o simplemente dejarse ir.

Entonces, un martes sin importancia, mientras preparaba café en mi cocina, me rendí.

No fue dramático. No hubo decisión consciente. Fue más como exhalar después de contener la respiración durante décadas. El esfuerzo de mantener la persona que había sido simplemente... se detuvo.

Aquí está la cosa extraña sobre la rendición: parece la muerte pero se siente como nacimiento.

Las conductas que habían definido mi existencia -la pornografía, el onanismo compulsivo, la búsqueda desesperada de validación externa- simplemente dejaron de interesarme. No por fuerza de voluntad o represión, sino de la misma manera que dejas de jugar con juguetes de niño. No porque los juguetes sean malos, sino porque has superado la etapa en la que proporcionan lo que necesitas.

Hice algo aún más extraño: comencé a inventar historias falsas sobre mí mismo. Le conté a amigos que había visitado prostíbulos, que había tenido problemas con el alcohol ... cosas que nunca sucedieron. Cuando me preguntaban por qué mentía, no podía explicarlo excepto diciendo que la perfección percibida se sentía como otra prisión. Que si la gente me veía como inmaculado, estaban viendo otro ego, solo que uno más pulido. Y yo quería ser visto como lo que realmente era: nadie en particular. Ordinario. Humano. Imperfectamente real.

Los budistas tienen un concepto llamado upaya, medios hábiles. A veces, para liberarte de una trampa, necesitas una trampa más grande. A veces, para matar al ego espiritual, necesitas profanar la imagen que otros tienen de ti. Incluso si eso significa mentir sobre quién eres para acercarte a no ser nadie.

Hoy, dos años después, vivo en la extraña tierra entre mundos.

Grandes secciones de mi pasado están ahora envueltas en bruma. Miro fotografías de "mí" en eventos que "asistí" y siento la distancia que se siente al mirar fotos de tus abuelos jóvenes. Reconocimiento sin identificación. La sensación de "eso sucedió", pero no "eso me sucedió a mí".

¿Es esto una pérdida? Los neurólogos podrían llamarlo disociación. Los psicólogos podrían preocuparse por fragmentación. Pero el camino budista no tiene como objetivo la preservación del yo. Tiene como objetivo ver a través del yo. Ver que el prisionero y el carcelero son la misma ficción. Que la puerta de la jaula siempre estuvo abierta porque nunca hubo jaula, solo el hábito de actuar como si la hubiera.

No recomiendo la ayahuasca. No recomiendo ningún camino particular. Los budistas tradicionales dirían que tomé un atajo peligroso, que el verdadero despertar viene de décadas de meditación disciplinada, no de una noche de química cerebral alterada. Y tienen razón, hasta cierto punto. El DMT puede romper el ego temporalmente, pero no te enseña cómo vivir sin él. Esa es la obra de toda una vida.

Pero tampoco me arrepiento. A veces necesitas que tu mundo explote para darte cuenta de que está hecho de escenografía. A veces necesitas morir para descubrir que la muerte es solo otra historia que el ego cuenta sobre lo que no puede controlar.

Esta mañana, preparé café nuevamente. Vi el vapor elevarse de la taza, sentí el calor atravesar la cerámica hacia mis palmas. Y por un momento, solo un momento, no había nadie allí para tener la experiencia. Solo la experiencia misma, autoconocida, sin observador. Luego el "yo" regresó, como siempre lo hace, porque esto es lo que hace la conciencia en forma humana: se olvida y se recuerda, una y otra vez, en un ritmo tan antiguo como respirar.

Pero ahora sé la diferencia. Sé que el yo es como las olas en el océano: real en su expresión momentánea, pero nunca separado del agua que lo compone. Y ese conocimiento, ese simple reconocimiento, cambia todo y nada.

Todavía pago las facturas. Todavía siento dolor. Todavía cometo errores. Pero ahora los errores no amenazan con destruirme, porque no hay un yo sólido que destruir. Solo patrones. Solo hábitos. Solo esta extraña, preciosa, ordinaria experiencia de ser temporalmente humano.

Los maestros zen dicen: "Antes de la iluminación, corta leña, carga agua. Después de la iluminación, corta leña, carga agua."

Todo sigue igual. Todo es completamente diferente. Y quizás esa paradoja es la única verdad que vale la pena conocer.

La taza se enfría en mis manos. La bebo de todos modos. Esto, también, es sagrado. Esto, también, desaparecerá.

Y yo, quien sea que sea yo, no podría estar más agradecido de presenciar su desvanecimiento.

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El traje nuevo del emperador

El traje nuevo del emperador

Hubo un tiempo en el que el Partido Republicano tenía un discurso relativamente sencillo de identificar. Mercado libre, Estado mínimo, defensa del comercio internacional, fe en el capitalismo sin trabas. Un conjunto de principios económicos que, con independencia de sus efectos reales, al menos ofrecía coherencia interna. Uno podía estar o no de acuerdo, pero sabía qué esperar.

Eso cambió. No de golpe, pero sí de manera profunda. Y el momento bisagra tiene nombre propio: Donald Trump.

Lo que Trump logró en 2016 no fue solo ganar unas elecciones. Fue reescribir el manual del conservadurismo estadounidense sin apenas disimulo. Y lo hizo con una operación tan audaz como contradictoria: presentarse como enemigo de las élites siendo, él mismo, un miembro destacado de ellas. Un magnate inmobiliario, criado en el privilegio, con contactos en todos los sectores del poder económico y mediático, que supo vender la idea de que representaba al hombre común frente al establishment.

No fue casualidad. Fue cálculo político. Porque Trump entendió algo que sus rivales dentro del partido aún no querían aceptar: que el discurso tradicional republicano había dejado de funcionar para amplias capas de su propio electorado.

Durante décadas, el libre comercio había sido presentado como una bendición universal. Los tratados internacionales, la globalización, la competencia sin restricciones: todo eso, según la ortodoxia republicana, beneficiaba a todos. Pero en las zonas industriales del Medio Oeste, en los pueblos mineros de Pensilvania o en las comunidades manufactureras de Ohio, esa promesa no se había cumplido. Las fábricas cerraban, los empleos desaparecían, los salarios se estancaban. Y mientras tanto, las grandes corporaciones —las mismas que financiaban las campañas republicanas— seguían acumulando beneficios récord.

Trump no inventó ese descontento. Solo supo capitalizarlo. Y lo hizo cambiando radicalmente el mensaje: el enemigo ya no era el Estado, sino China, México, los tratados comerciales injustos, las élites globalistas. De pronto, el Partido Republicano, paladín histórico del libre mercado, empezaba a hablar de aranceles, de proteccionismo, de recuperar empleos industriales aunque eso significara romper acuerdos internacionales.

El giro fue espectacular. Pero lo verdaderamente revelador no fue el cambio en sí, sino su lógica. Trump no abrazó el proteccionismo por convicción ideológica. Lo hizo porque, en ese momento, el libre mercado ya no le beneficiaba políticamente frente a economías más competitivas como la china. Cuando eres el actor más fuerte, defiendes la apertura. Cuando empiezas a perder terreno, cierras las fronteras.

No es principio. Es táctica.

Pero el cambio no se limitó a la economía. Hubo otro desplazamiento, quizá más profundo, relacionado con la forma de ejercer y comunicar el poder.

Antes, incluso los gobiernos más agresivos necesitaban disfrazar sus intenciones. Las invasiones se justificaban con informes de inteligencia, las sanciones con violaciones de derechos humanos, las intervenciones militares con la protección de la democracia. Había un código implícito: no podías decir en voz alta lo que realmente buscabas. Había que mantener, al menos, las formas.

Trump rompió ese pacto. No solo en lo discursivo, sino en lo simbólico. Cuando habló de quedarse con el petróleo de Irak, no lo dijo como desliz. Lo repitió durante años. Cuando su administración dejó claro, por boca de John Bolton, que el petróleo venezolano era parte del interés estadounidense en el cambio de régimen, tampoco hubo eufemismos. Cuando amenazó a países enteros con destrucción económica si no cedían a sus demandas, no lo envolvió en retórica diplomática. Lo tuiteó. Cuando dejó claro que Estados Unidos iría a por los recursos que considerara estratégicos, lo dijo sin rodeos.

Y eso cambió algo fundamental en la política exterior estadounidense: la máscara dejó de ser necesaria.

Los demócratas, mientras tanto, siguen utilizando el mismo lenguaje de siempre. Hablan de alianzas, de multilateralismo, de derechos humanos, de responsabilidad internacional. Mantienen la ficción de que hay un orden basado en reglas y que ellos son sus defensores. Pero cuando se les observa actuar —en Yemen, en Siria, en su apoyo incondicional a ciertos regímenes, en su uso masivo de drones—, la distancia entre el discurso y los hechos es exactamente la misma que con los republicanos. Solo que ellos aún sienten la necesidad de ocultarlo.

Trump y el nuevo republicanismo no mienten menos. Simplemente han dejado de fingir que mienten. Y eso, paradójicamente, les ha dado una ventaja comunicativa inesperada: proyectan autenticidad. Cinismo descarado, sí, pero autenticidad al fin y al cabo.

Lo más inquietante de todo esto no es que Trump haya traicionado los principios republicanos tradicionales. Es que los ha reemplazado sin que el partido, en su conjunto, haya opuesto resistencia real. Porque, al final, esos principios no eran tanto convicciones como herramientas. Funcionaban cuando servían para ganar elecciones y mantener el poder. Cuando dejaron de funcionar, se cambiaron.

El Partido Republicano ya no es el partido del libre mercado. Es el partido de lo que funcione en cada momento. Proteccionismo si es necesario, desregulación si conviene. Apelar al pueblo llano mientras se goberna para los ricos. Romper alianzas internacionales si eso rinde electoralmente, y reforzarlas si no queda más remedio.

Lo que define a este partido ya no es un conjunto de ideas, sino una disposición absoluta a cambiar de forma para conservar el poder. La serpiente muda de piel, pero sigue siendo serpiente.

Y quizá ese sea el verdadero legado de Trump: no haber inventado una nueva ideología, sino haber normalizado la ausencia de ella. Haber demostrado que se puede gobernar sin necesidad de coherencia doctrinal, solo con pragmatismo electoral y con la capacidad de leer, y explotar, el clima político del momento.

Mientras tanto, los demócratas siguen creyendo que la batalla se gana con buenos modales y discursos bien construidos. Siguen hablando de principios, de normas, de instituciones. Y siguen perdiendo terreno ante un adversario que ya no juega con esas reglas.

Porque Trump no cambió solo al Partido Republicano.

Cambió las reglas del juego político.

Y todavía no está claro si alguien, del otro lado, se ha dado cuenta.

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menéame