Cachitos de hierro y cromo regresó, como cada Nochevieja, convertido en un ritual que reafirma la música como refugio sentimental al que se vuelve para reencontrarse con canciones que forman parte de la memoria colectiva. Al ritmo de hits con innato cariz nostálgico, el emblemático formato de La 2 volvió a disparar sarcasmo en todas direcciones a través de sus ya inconfundibles rótulos, dirigidos a un variado popurrí de personajes públicos.