Finalmente, pasó. Con los interesados de siempre, con la billetera floja y con la mano tiesa a la hora de aportar capital propio, los constructores de obra pública de toda la vida le torcieron el brazo al Gobierno y lograron que el financiamiento para hacer las obras en la primera ruta nacional concesionada por la administración Milei lo aporte el Estado. Según el propio Milei, este esquema de concesiones no iba a requerir dinero del Estado, sino que serían los empresarios los que aportarían el capital que luego se cobrarían con el peaje.
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