Primero fue el envío a través de un email convencional de un documento con todas las identidades de los individuos contratados por la CIA en los dos años anteriores. Después, la exposición pública de datos sensibles sobre personal de inteligencia en la página web de DOGE. Luego, las venganzas políticas y los despidos de oficiales cuyos análisis se atrevieron a refutar las afirmaciones de la Casa Blanca. Ahora Tulsi Gabbard, se ha embarcado en una reestructuración y reducción de recursos que parece más bien un proceso de voladura controlada.
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